jueves, 9 de mayo de 2013

La derecha y la izquierda

Desde 1943 hasta finales de 1944, cuando los convoyes de deportados llegaban al desvío de Auschwitz y se detenían en el andén iluminado después de haber atravesado la cínica pancarta en la que campeaba la divisa <<Arbeit macht frei>> (el Trabajo hace libre al Hombre...), Herr Doktor Josef Mengele se hallaba presente en persona para recibir a los recién llegados. En pie, calmosamente, bajo el brillo azul de los arcos voltaicos, Mengele escuchaba en silencio las voces de mando de los guardas cubiertos con sus cascos de acero ordenando a los prisioneros que se apresuraran a descender de los vagones para alinearlos en el andén. Después, Mengele, pasando lentamente a lo largo de las filas de esta humanidad miserablemente petrificada, hacía, con gestos indiferentes, pasar a unos a la derecha y a otros a la izquierda.
    El lado derecho significaba una muerte en vida en medio de la suciedad, de la miseria, del hambre, de la degradación y de la esclavitud. El lado izquierdo significaba el exterminio inmediato. Solamente los hombres y mujeres jóvenes que aparentaban hallarse físicamente condicionados para trabajar, sobrevivían... si tenían, además, mucha suerte. Todos los demás, niños de corta edad, ancianos, enfermos, eran empujados en tropel hasta las <<salas de desinfección>> con paredes de ladrillo rojo donde incluso las estruendosas sinfonías de Beethoven, transmitidas por los altavoces, eran impotentes para acallar los gritos escalofriantes cuando el gas Zyklon B penetraba silbando a través de las alcachofas de las duchas.
    Los <<fenómenos>> de toda clase constituían la gran especialidad del Doctor Mengele y los coleccionaba con el mismo entusiasmo con que un entomologista colecciona insectos raros. Corcovados, inválidos, enanos, gemelos y otros sujetos insólitos, anormales o monstruosos... todos debían a su anormal condición física un respiro de vida que duraba todo el tiempo necesario para que Mengele estudiara sus características en los laboratorios donde trabajaba por cuenta del Instituto de Biología racial de Berlín.
    Cada arribada de prisioneros a la estación ferroviaria de Auschwitz era sistemáticamente escrutada para tratar de hallar en ella eventuales <<especímenes>>. Los prisioneros que adolecían de alguna deformidad, fuere la que fuere, eran alojados en barracones especiales donde, al contrario de lo que ocurría con los sujetos normales, eran autorizados a conservar sus propios vestidos, se les alimentaba convenientemente y se les proveía de ropa de cama y de facilidades adecuadas para su <<toilette>>. A continuación eran conducidos al laboratorio del Doctor Mengele en donde se les abría una ficha médica, se los examinaba, se los auscultaba, se les efectuaban las pertinentes radiografías y análisis de todas las formas posibles.


                                                                                                          Roger Delorme

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