lunes, 30 de diciembre de 2013

La verdadera misa negra

Esta aventura pone punto final a la deformación de la tradición y a la misa negra practicada con un designio mágico.
    Después de la Edad Media, esta misa donde la evocación diabólica corre pareja con la pornografía no es más que una vulgar parodia de aquella practicada por los magos de la antigüedad donde la desnudez de los asistentes era obligatoria, pero la pujanza que se desprendía de ella no tenía ninguna relación con el erotismo.
    La mayoría de las ceremonias mágicas de las civilizaciones desaparecidas no mezclaban la orgía con los ritos tenidos por sagrados.
    En el culto de Belfegor, de Astarté o de Adonis, encontramos el origen real de las misas negras, pero si los asistentes se desnudaban para exasperar en ellos la exaltación sexual mediante cantos y danzas, jamás se daban a ningún exceso.
    Los sacerdotes y sacerdotisas no ignoraban que un entrenamiento periódico provocaba una renovación de las fuerzas magnéticas. Esta tradición procede de Oriente donde los practicantes del yoga, todavía en nuestros días, se desnudan por entero para facilitar el cambio fluídico centralizado por el plexo solar, cuando quieren experimentar fenómenos de transmisión de pensamiento, de hipnosis y de magnetismo [El cuerpo humano es una pila sin fin. Expulsa el fluido por los plexos positivos y lo recibe de fuera por el plexo negativo (Jean Lignière). Según la teoría hindú, que es la de los magos occidentales, son siete los plexos en el cuerpo humano: solar (oro), cardíaco (azul), prostático (rojo), faríngeo (violeta), glande pineal (blanco), cavernoso (índigo), sacro (anaranjado). Cada uno de estos plexos tiene un papel preciso, e influye directamente en un órgano. En cambio, el solar y el sacro, situados debajo de la columna vertebral, favorecen las facultades psíquicas o mediúmnicas. El cardíaco, situado cerca del corazón, influye en la visión y los pies. El prostático, debajo del vientre, en el olfato y la sexualidad; el glande pineal, vestigio del tercer ojo, situado en medio de la frente, en la boca y el gusto. El cavernoso, en la espalda, en la base del pulmón, en la voz y el oído... En el curso de antiguas ceremonias, se trataba sobre todo de desarrollar el sacro y el solar].
    Un cambio que se hacía bien con adeptos o con la naturaleza, es decir, el sol y el viento. La obligación de estar desnudo venía condicionada por el hecho de que las ropas trababan las corrientes fluídicas.
    En el curso de esas ceremonias se producían prodigios. Algunos participantes entraban en éxtasis y revelaban el futuro de quienes se hallaban a su lado. Otros, se hacían súbitamente insensibles al dolor. Estos fenómenos, aparentemente sobrenaturales, sólo se debían de hecho a la enorme potencia magnética emitida por la mayoría de los asistentes.
    No se producía en los adeptos un desbordamiento ni un rechazo sexual, sino únicamente una fuerza y una creencia profunda en sus facultades.
    <<Lo invisible está en nosotros>>, afirma Louis Pauwels.
    Es cierto, y los poderes secretos del hombre son inmensos. Desgraciadamente esos poderes fueron falseados, deformados y condenados.
    En nombre de las apariencias, lo que servía al Bien fue considerado como una obra diabólica, pues allí donde hay desnudez, ¡está también el pecado!...
    La amenaza del infierno terminó por influir en las almas débiles, y las reuniones antiguas fueron desde entonces comparadas a homenajes a Satanás.
    Los agnósticos y los maniqueos que habían conservado una parte de la antigua tradición pasaron a ser heréticos a quienes era urgente quemar.
    En verdad, practicaban un rito muy anterior a aquel de la Iglesia.
    Con la desaparición de los heréticos, surgieron el miedo y el pudor...
    Pero los antiguos conocían las virtudes terapéuticas de esas curaciones. Hoy, parece que se las descubra y quienes practican el desnudismo saben perfectamente que no sólo la luz solar y la pureza del aire bañan las células y las reaniman, sino también el fluido magnético.
    Hay tanta diferencia entre las misas negras de la antigüedad y las que se practican en nuestros días como la que hay entre el Bien y el Mal o entre el Mahatma Gandhi y Charles Manson.


V.V.A.A.; Los esclavos del Diablo

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