Es evidente que el origen general de la poesía se
debió a dos causas; cada una de ellas parte de la naturaleza humana. La
imitación es natural para el hombre desde la infancia, y esta es una de sus
ventajas sobre los animales inferiores, pues él es una de las criaturas más
imitadoras del mundo, y aprende desde el comienzo por imitación. Y es asimismo
natural para todos regocijarse en tareas de imitación. La verdad de este
segundo punto se muestra por la experiencia; aunque los objetos mismos resulten
penosos de ver nos deleitamos en contemplar en el arte las representaciones más
realistas de ellos, las formas, por ejemplo, de los animales más repulsivos y
los cuerpos muertos. La explicación se encuentra en un hecho concreto: aprender
algo es el mayor de los placeres no sólo para el filósofo, sino también para el
resto de la humanidad, por pequeña que sea su aptitud para ello; la razón del
deleite que produce observar un cuadro es que al mismo tiempo se aprende, se
reúne el sentido de las cosas, es decir, que el hombre es de este o aquel modo;
pues si no hubiéramos visto el objeto antes, el propio placer no radicaría en
el cuadro como una imitación de éste, sino que se debería a la ejecución o al
colorido o a alguna causa semejante. La imitación, entonces, por sernos natural
(como también el sentido de la armonía y el ritmo, los metros que son por
cierto especies de ritmos) a través de su original aptitud, y mediante una
serie de mejoramientos graduales en su mayor parte sobre sus primeros
esfuerzos, crearon la poesía a partir de sus improvisaciones.

Esta comenzó ciertamente mediante improvisaciones,
como también la comedia; la primera se originó con los autores de los
ditirambos, la otra con las canciones fálicas, que todavía perviven como
instituciones en algunas de nuestras ciudades. Y su avance desde entonces fue
lento, a través de su transformación y luego de superar etapas en cada paso.
Sólo después de una larga serie de cambios el movimiento de la tragedia se detuvo
al alcanzar su forma natural. 1) El número de actores fue primero aumentado a dos
por Esquilo, quien disminuyó la importancia del coro, e hizo que el diálogo, o
la parte hablada, asumiera la misión decisiva en el drama. 2) Un tercer actor y
la escenografía se debieron a Sófocles. 3) La tragedia adquirió también su
magnificencia. Descartó los relatos breves y el lenguaje chabacano, que debía a
su origen satírico, alcanzó, aunque sólo en un momento tardío de su progreso,
un tono de dignidad; su metro cambió, pues, del trocaico al yámbico. La razón
para su uso originario del tetrámetro trocaico yacía en que su poesía era
satírica y más relacionada con la danza que lo que sucede ahora. Empero, tan pronto
como se introdujo la parte hablada, la naturaleza misma encontró el metro
adecuado. El yámbico, según sabemos, es el más flexible de los metros, como se
muestra por el hecho de que muy a menudo caemos en él en el diálogo, mientras
que resulta raro que hablemos en hexámetros, y esto sólo cuando nos separamos
del tono hablado de la voz. 4) Otro cambio fue la pluralidad de episodios o
actos. En cuanto a los problemas restantes, los adornos sobreagregados y el
relato de su introducción, éstos deben ser aceptados según se dijo, pues
demandaría una tarea muy larga revisar los detalles.
Aristóteles; Poética. (Capítulo IV)
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