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domingo, 20 de octubre de 2013

MITOPÓIEIS: Lilit

Adán y Lilit nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilit consideraba ofensiva la postura recostada que él exigía. "¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—. Yo también fui hecha con polvo, y por consiguiente soy tu igual." Como Adán trató de obligarla a obedecer por la fuerza, Lilit, airada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó en el aire y lo abandonó. 
Adán se quejó a Dios: "Me ha abandonado mi compañera". Inmediatamente Dios envió a los ángeles Senoy, Sansenoy y Semangelof para que llevaran a Lilit de vuelta. La encontraron junto al Mar Rojo, región que abundaba en demonios lascivos, con los cuales dio a luz lilim a razón de más de cien por día. "¡Vuelve a Adán sin demora —le dijeron los ángeles— o si no te ahogaremos!" Lilit preguntó: "¿Cómo puedo volver a Adán y vivir como una ama de casa honesta después de mi estada junto al Mar Rojo?" "¡Morirás si te niegas!", replicaron ellos. "¿Cómo puedo morir —volvió a preguntar Lilit— cuando Dios me ha ordenado que me haga cargo de todos los niños recién nacidos; de los niños hasta el octavo día de vida, el de la circuncisión, y de las niñas hasta el vigésimo día? No obstante, si alguna vez veo vuestros tres nombres o vuestra semejanza exhibidos en un amuleto sobre un niño recién nacido, prometo perdonarlo". Los ángeles accedieron, pero Dios castigó a Lilit haciendo que un centenar de sus hijos demonios pereciesen a diario ".

Alpha Beta diBen Sira, 4 7 ; Gaster, MGWJ, 29 1880)s 553ss.

viernes, 20 de septiembre de 2013

MITOPÓIESIS: Himno a Osiris

   rdt iAw n wsir     sn tA n wp-wAwt     sxat.k wnn-
Hacer una adoración a Osiris y besar la tierra para Upuaut. Has hecho una aparición, Unen-
     nfr m Hbw.k nw Dt     nb nHH HqA nTrw     iww n.f ntt iwtt
nefer en tus festivales de eternidad, oh señor de eternidad, gobernador de los dioses, que vienen a él lo que es y lo que no,
    xa wr nb tA tm.w     Hr(y)-tp tAwy tm.(w)     iiw m Htp
quien aparece en gloria con grandeza, el señor de la tierra entera, el jefe de las Dos tierras al completo. Bienvenido en paz,
    nb Awt-ib     sA.k Hr m nDty.k     Sms Tw nTrw m iA(w)
oh señor de la alegría, tu hijo Horus es tu protector. Que los dioses te sigan con aclamaciones,
    sHay Tw Hnmmt     wDA.k m dpt-nTr     xa wr
que te adoren los Henmemet [cuando] viajes en el barco divino. Oh aquel que aparece en gloria con grandeza,
    nb psDt-nTrw     nb iA(w)     qmA Haatw     nb Hw     sxpr DfAw
el señor de la eneada divina, señor de la aclamación, creador de la alegría, señor del Abastecimiento, quien suministra el alimento,
     pAwty     Dt.f Dt     qA iAt     nb
dios primordial que su cuerpo es eterno, que es alto su estandarte, señor
     wrrt     nTr aA     nb imnt
de la corona blanca, gran dios, señor del occidente.
Estela de Sobeksen - BM 580.

miércoles, 22 de mayo de 2013

MITOPÓIESIS: La Esfinge

      La Esfinge de los monumentos egipcios (llamada "Androesfinge" por Heródoto, para distinguirla de la griega) es un león echado en la tierra y con cabeza de hombre; representaba, se conjetura, la autoridad del rey y custodiaba los sepulcros y templos. Otras, en la avenida de Karnak, tienen cabeza de carnero, el animal sagrado de Amón. Esfinges barbadas y coronadas hay en los monumentos de Asiria y la imagen es habitual en las gemas persas. Plinio, en su catálogo de animales etiópicos, incluye las esfinges, de las que no precisa otro rasgo que "el pelaje pardo rojizo y los pechos iguales".
      La Esfinge griega tiene cabeza y pechos de mujer, alas de pájaro, y cuerpo y pies de león. Otros le atribuyen cuerpo de perro y cola de serpiente. Se refiere que desolaba el país de Tebas, proponiendo enigmas a los hombres (pues tenía voz humana) y devorando a quienes no sabían resolverlos. A Edipo, hijo de Yocasta, le preguntó:
-¿Qué ser tiene cuatro pies, dos pies o tres pies, y cuántos más tiene es más débil?
      Edipo contestó que era el hombre, que de niño se arrastra en cuatro pies, cuando es mayor anda en dos y a la vejez se apoya en un báculo. La Esfinge, descifrado el enigma, se precipitó desde lo alto de la montaña.
      De Quincey, hacia 1849, sugirió una segunda interpretación, que puede complementar la tradicional. El sujeto del enigma, según De Quincey, es menos el hombre genérico que el individuo Edipo desvalido y huérfano en su mañana, solo en la edad viril y apoyado en Antígona en la desesperada y ciega vejez.

Jorge Luis Borges; El libro de los seres imaginarios.

viernes, 10 de mayo de 2013

MITOPÓIESIS: Enanos

      ¿Dónde quedaron los tiempos en que a la hora del crepúsculo se ponía ante la puerta el objeto roto en espera de que los enanos lo repararan antes del alba? ¿Qué se hizo de las ofrendas -alimentos o ropas- que iban a poner en el árbol del patio, en el granero o en el establo? Eso era antaño, cuando los enanos todavía tenían trato con los hombres, cuando forjaban espléndidas armaduras y espadas que siempre estaban afiladas, y joyas en las que centelleaban gemas de virtudes maravillosas. En aquel lejano pasado, los enanos devolvían al buen camino al caballero perdido, o por el contrario se burlaban de él y lo humillaban. Iban a buscar a los valientes para que los librasen de un gigante o de un dragón que les hacía la vida imposible. En aquella lejana época, Berta hilaba, Carlomagno temía encontrarse con las hadas, la reina Piedeoca escondía su pie de ansarón en los pliegues de su manto, y san Brandán se lanzaba a la búsqueda del paraíso terrenal. Era la Edad Media. Campos, bosques y arenales, aguas y montes bullían de vida oculta; la naturaleza estaba poblada por mil criaturas, las más de las veces habitantes de la noche, y entre éstos estaban los enanos.
      Gobelins o lutins, elfos y duendes, ¿quién sabría hoy qué fueron en el mundo de antaño antes de convertirse en pequeños personajes de cuentos maravillosos y leyendas? Hace mucho tiempo, cada uno de ellos gozaba de existencia propia y ejercía una actividad reflejada en su nombre, pero han pasado los siglos y se ha hecho notar la erosión del tiempo, de modo que para nosotros los enanos son muy misteriosos. Forman parte de esos vestigios de nuestra antigüedad, el Occidente medieval, de esos restos que acarrea la historia y que los investigadores del siglo XX encuentran a lo largo de los textos.
      La evolución histórica, y sobre todo la cristianización, fue una agresión de la que los enanos no se rehicieron nunca. Confundidos con íncubos, demonios y diablos, las diferentes razas de seres cómodamente designados con el vocablo "enano" ya no formaron más que una sola familia. Viendo en ella la huella de un paganismo execrado, la Iglesia la hizo objeto de anatema, desnaturalizó el conjunto de creencias que tenían que ver con ella y enredó de tal manera los hilos de las diversas tradiciones que el resultado fue una maraña que hizo retroceder a los investigadores.
      Quien intente saber qué son los enanos se quedará con las ganas, y su perplejidad no desaparecerá. Fuera de unos cuantos estudios concretos -ya viejos y muy discutibles porque o bien se apoyan únicamente en la literatura fabulosa antigua, o bien lo hacen en colecciones de cuentos relativamente recientes, como la de los hermanos Grimm-, aparte de algunos artículos de buena factura, no existe ninguna obra reciente y fiable. Sin embargo, los enanos no son unos desconocidos, y cualquiera es capaz de imaginárselos, hombrecillos barbudos de gorro rojo, traviesos y guasones, serviciales y pícaros, industriosos y hábiles. Así es como los vemos en los jardines, sobretodo en Bélgica y Alemania, y más recientemente en nuestro país, pero ¿alguien se ha preguntado nunca qué hacían allí?

Claude Lecouteux; Enanos y elfos en la Edad Media.

miércoles, 17 de abril de 2013

MITOPÓIESIS: Moiras



            Las Moiras son la personificación del destino de cada cual, de la suerte que le corresponde en este mundo. En principio, todo humano tiene su moira, que significa su parte (de vida, de felicidad, de desgracia, etc.). Luego, esta abstracción se convirtió muy pronto en una divinidad, tendiendo a parecerse a la Cer, aunque sin llegar nunca a ser un demonio violento y sanguinario como ella. Impersonal, la Moira es inflexible como el destino; encarna una ley que ni los mismos dioses pueden transgredir sin poner en peligro el orden del universo. La Moira es la que impide a tal o cual dios acudir en socorro de un héroe determinado en el campo de batalla cuando ha llegado su “hora”.
            Poco a poco parece haberse desarrollado la idea de una Moira universal que domina el destino de todos los humanos, y, sobre todo, después de la epopeya homérica, la idea de tres Moiras (Parcas), Átropo, Cloto y Láquesis que, para cada mortal, regulaban la duración de la vida desde el nacimiento hasta la muerte, con ayuda de un hilo que la primera hilaba, la segunda enrollaba y la tercera cortaba cuando la correspondiente existencia llegaba a su término. Estas tres hilanderas son hijas de Zeus y de Temis, y hermanas de las Horas. Según otra genealogía, eran hijas de la Noche, como las Ceres, y, por consiguiente, pertenecían a la primera generación divina, la de las fuerzas elementales del mundo. Tienden a veces a formar un grupo con Ilitía, divinidad, como ellas, del nacimiento. Asimismo se encuentran citadas junto a Tique (la Suerte, la Fortuna), que encarna una noción afín.
            Las Moiras no poseen leyenda propiamente dicha. Apenas son más que el símbolo de una concepción del mundo, mitad filosófica, mitad religiosa.

Pierre Grimal; Diccionario de mitología griega y romana.

viernes, 15 de marzo de 2013

MITOPÓIESIS: Cosmogonía (II)




Este mito patriarcal de Urano obtuvo la aceptación oficial bajo el sistema religioso olímpico. Urano, cuyo nombre llegó a significar «el firmamento», parece haber conquistado su posición como Primer Padre al ser identificado con el dios pastoral Varuna, uno de los que constituyen la trinidad masculina aria; pero su nombre griego es una forma masculina de Ur-ana («reina de las montañas», «reina del verano», «reina de los vientos» o «reina de los bueyes salvajes»): la diosa en su aspecto orgiástico del solsticio estival. El casamiento de Urano con la Madre Tierra explica una primera invasión helénica de la Grecia septentrional, que permitió a los adoradores de Varuna alegar que él prohijó a las tribus nativas que encontró allí, aunque reconocían que era hijo de la Madre Tierra. Una enmienda del mito registrada por Apolodoro, es que la Tierra y el Cielo se dividieron en una lucha mortal y luego se volvieron a unir mediante el amor. Mencionan esto Eurípides (Melanipo el sabio, fragmento 484, ed. Nauck) y Apolonio de Rodas (Argonáutica, i.494). La lucha mortal tiene que referirse al choque entre los principios patriarcales y los matriarcales causado por las invasiones helénicas. Giges («nacido de la tierra») tiene otra forma, Gigas («gigante») y los gigantes se asocian en el mito con las montañas de la Grecia septentrional. Briareo («fuerte») era llamado también Egeón (Ilíada, i.403), y su pueblo puede ser, por lo tanto, el libio-tracio, cuya diosa cabra Egis (véase 8.1) dio su nombre al mar Egeo. Coto era el antepasado epónimo de los cotianos, quienes adoraban a la orgiástica Cotito, y difundieron su culto desde Tracia a toda la Europa noroccidental. Estas tribus son descritas como «de cien manos», quizá porque sus sacerdotisas estaban organizada en colegios de cincuenta, como las Danaides y las Nereidas: o tal vez porque los hombres estaban organizados en grupos guerreros de cien miembros, como los romanos primitivos.
Los cíclopes parecen haber sido un gremio de forjadores de bronce dela Hélade primitiva. Cíclope significa «los de ojo anular», y es probable que se tatuaran con anillos concéntricos en la frente, en honor del sol. La fuente del fuego de sus hornos; los tracios siguieron tatuándose hasta la época clásica (véase 28.2). Los círculos concéntricos forman parte del misterio del arte de la herrería: para batir cuencos, yelmos, o máscaras rituales, el forjador se guiaba por esos círculos, trazados con compás alrededor del centro del disco plano en el que trabajaba. Los cíclopes tenían también un solo ojo en el sentido de que los herreros se cubren con frecuencia un ojo con un parche para evitar las chispas que vuelan. Más tarde se olvidó su identidad y los mitógrafos ubicaron caprichosamente sus espíritus en las cavernas del Etna, para explicar el fuego y el humo que salen de su cráter (véase 35.1). Existía una estrecha vinculación cultural entre Tracia, Creta y Licia; los Cíclopes estaban en su elemento en todos esos países. La primitiva cultura heládica se extendió también a Sicilia; pero también es posible que (como Samuel Butler fue el primero en sugerir) la composición siciliana de la Odisea explique la presencia de los Cíclopes allí (véase 170.b). Los nombres de Brontes, Estéropes y Arges («trueno», «rayo» y «resplandor») son invenciones posteriores.
Robert Graves, Los mitos giegos.

martes, 12 de marzo de 2013

MITOPÓIESIS: Cosmogonía



En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro. Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos.
Del Caos surgieron Érebo y la negra Nix. De la Noche a su vez nacieron Éter y Hémero, a los que alumbró preñada en contacto amoroso con Érebo. Gea alumbró primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio.
Luego, acostada con Urano, alumbró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre.
Dio a luz además a los Cíclopes de soberbio espíritu, a Brontes, a Estéropes y al violento Arges, que regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos en lo demás eran semejantes a los dioses, pero en medio de su frente había un solo ojo. Cíclopes era su nombre por eponimia, ya que efectivamente, un solo ojo completamente redondo se hallaba en su frente. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos.
También de Gea y Urano nacieron otros tres hijos enormes y violentos cuyo nombre no debe pronunciarse: Coto, Briareo y Giges, monstruosos engendros. Cien brazos informes salían agitadamente de sus hombros y a cada uno le nacían cincuenta cabezas de los hombros, sobre robustos miembros. Una fuerza terriblemente poderosa se albergaba en su enorme cuerpo.
Pues bien, cuantos nacieron de Gea y Urano, los hijos más terribles, estaban irritados con su padre desde siempre. Y cada vez que alguno de ellos estaba a punto de nacer, Urano los retenía a todos ocultos en el seno de Gea sin dejarles salir a la luz y se gozaba cínicamente con su malvada acción. La monstruosa Gea, a punto de reventar, se quejaba en su interior y urdió una cruel artimaña. Produciendo al punto un tipo de brillante acero, forjó una enorme hoz y luego explicó el plan a sus hijos. Armada de valor dijo afligida en su corazón: “¡Hijos míos y de soberbio padre! Si queréis seguir mis instrucciones, podremos vengar el cruel ultraje de vuestro padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones.”
 Así habló y lógicamente un temor los dominó a todos y ninguno de ellos se atrevió a hablar. Mas el poderoso Cronos, de mente retorcida, armado de valor, al punto respondió con estas palabras a su prudente madre: “Madre, yo podría, lo prometo, realizar dicha empresa, ya que no siento piedad por nuestro abominable padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones.”
Así habló. La monstruosa Gea se alegró mucho en su corazón y le apostó secretamente en emboscada. Puso en sus manos una hoz de agudos dientes y disimuló perfectamente la trampa. Vino el poderoso Urano conduciendo la noche, se echó sobre la tierra ansioso de amor y se extendió por todas partes. El hijo, saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó a la ventura por detrás. No en vano escaparon aquéllos de su mano. Pues cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió Gea. Y al completarse un año, dio a luz a las poderosas Erinias, a los altos Gigantes de resplandecientes armas, que sostienen en su mano largas lanzas, y a las Ninfas que llaman Melias sobre la tierra ilimitada. En cuanto a los genitales, desde el mismo instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso Ponto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella. Primero navegó hacia la divina Citera y desde allí se dirigió después a Chipre rodeada de corrientes. Salió del mar la augusta y bella diosa, y bajo sus delicados pies crecía la hierba en torno. Afrodita la llaman los dioses y hombres, porque nació en medio de la espuma, y también Citerea, porque se dirigió a Citera. Ciprogénea, porque nació en Chipre de muchas olas, y Filomedea, porque surgió de los genitales. La acompañó Eros y la siguió el bello Hímero al principio cuando nació, y luego en su marcha hacia la tribu de los dioses. Y estas atribuciones posee desde el principio y ha recibido como lote entre los hombres y dioses inmortales: las intimidades con doncellas, las sonrisas, los engaños, el dulce placer, el amor y la dulzura.
A estos dioses su padre, el poderoso Urano, les dio el nombre de Titanes aplicando tal insulto a los hijos que él mismo engendró. Decía que en su intento, con temeraria sensatez habían cometido un acto terrible por el que luego tendrían justo castigo.
Hesíodo; Teogonía. (Fragmento)