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miércoles, 11 de septiembre de 2013

TAUMATURGIA: Conxuro


Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasgos e diaños, espíritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas, feitizos das menciñeiras.
Podres cañotas furadas, fogar dos vermes e alimañas.
Lume das Santas Compañas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios.
Oubeo do can, pregón da morte, fociño do sátiro e pé do coello.
Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello.
Averno de Satán e Belcebú, lume dos cadáveres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernais cus, ruxido da mar embravecida.
Barriga inútil da muller solteira, falar dos gatos que andan á xaneira, guedella porca da cabra mal parida.
Con este cullerón levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxirán as bruxas a cabalo das súas escobas, índose bañar na praia das areas gordas.
¡Oíde, oíde! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no augardente, quedando así purificadas.
E cando esta queimada baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa alma e de todo embruxamento.
Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, aquí e agora, facede cos espíritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.
[Buhos, lechuzas, sapos y brujas.
Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas.
Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas.
Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas.
Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos.
Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo.
Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo.
Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, rugido de la mar embravecida.
Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo, pelo malo y sucio de la cabra mal parida.
Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.
¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas.
Y cuando esta queimada baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento.
Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada.]
Conjuro de la queimada. 
(Grabado de Goya) 

viernes, 10 de mayo de 2013

MITOPÓIESIS: Enanos

      ¿Dónde quedaron los tiempos en que a la hora del crepúsculo se ponía ante la puerta el objeto roto en espera de que los enanos lo repararan antes del alba? ¿Qué se hizo de las ofrendas -alimentos o ropas- que iban a poner en el árbol del patio, en el granero o en el establo? Eso era antaño, cuando los enanos todavía tenían trato con los hombres, cuando forjaban espléndidas armaduras y espadas que siempre estaban afiladas, y joyas en las que centelleaban gemas de virtudes maravillosas. En aquel lejano pasado, los enanos devolvían al buen camino al caballero perdido, o por el contrario se burlaban de él y lo humillaban. Iban a buscar a los valientes para que los librasen de un gigante o de un dragón que les hacía la vida imposible. En aquella lejana época, Berta hilaba, Carlomagno temía encontrarse con las hadas, la reina Piedeoca escondía su pie de ansarón en los pliegues de su manto, y san Brandán se lanzaba a la búsqueda del paraíso terrenal. Era la Edad Media. Campos, bosques y arenales, aguas y montes bullían de vida oculta; la naturaleza estaba poblada por mil criaturas, las más de las veces habitantes de la noche, y entre éstos estaban los enanos.
      Gobelins o lutins, elfos y duendes, ¿quién sabría hoy qué fueron en el mundo de antaño antes de convertirse en pequeños personajes de cuentos maravillosos y leyendas? Hace mucho tiempo, cada uno de ellos gozaba de existencia propia y ejercía una actividad reflejada en su nombre, pero han pasado los siglos y se ha hecho notar la erosión del tiempo, de modo que para nosotros los enanos son muy misteriosos. Forman parte de esos vestigios de nuestra antigüedad, el Occidente medieval, de esos restos que acarrea la historia y que los investigadores del siglo XX encuentran a lo largo de los textos.
      La evolución histórica, y sobre todo la cristianización, fue una agresión de la que los enanos no se rehicieron nunca. Confundidos con íncubos, demonios y diablos, las diferentes razas de seres cómodamente designados con el vocablo "enano" ya no formaron más que una sola familia. Viendo en ella la huella de un paganismo execrado, la Iglesia la hizo objeto de anatema, desnaturalizó el conjunto de creencias que tenían que ver con ella y enredó de tal manera los hilos de las diversas tradiciones que el resultado fue una maraña que hizo retroceder a los investigadores.
      Quien intente saber qué son los enanos se quedará con las ganas, y su perplejidad no desaparecerá. Fuera de unos cuantos estudios concretos -ya viejos y muy discutibles porque o bien se apoyan únicamente en la literatura fabulosa antigua, o bien lo hacen en colecciones de cuentos relativamente recientes, como la de los hermanos Grimm-, aparte de algunos artículos de buena factura, no existe ninguna obra reciente y fiable. Sin embargo, los enanos no son unos desconocidos, y cualquiera es capaz de imaginárselos, hombrecillos barbudos de gorro rojo, traviesos y guasones, serviciales y pícaros, industriosos y hábiles. Así es como los vemos en los jardines, sobretodo en Bélgica y Alemania, y más recientemente en nuestro país, pero ¿alguien se ha preguntado nunca qué hacían allí?

Claude Lecouteux; Enanos y elfos en la Edad Media.