(Según borrador original)
Las duras tierras frías
con los pies y las manos
son crueles.
Allí el viento chilla,
las piedras son frías;
no hay nada que encontrar.
Nuestro corazón descansa
en aguas húmedas
en algún pantano profundo.
¡Oh, cómo deseamos
probar el pescado
tan dulce y frío!
J. R. R. Tolkien
lunes, 26 de agosto de 2013
Segunda Epístola: <<¡Magnifiquemos al Señor!>>
-¿Por qué hemos de magnificar al Señor? -se preguntó cierto día Herr Professor Heinrich Strauss, y enseguida se puso a tallar y a pulir la lente más grande que se haya visto nunca en el mundo, y el armazón para sustentarla.
-¡O bien el Señor está muy lejos, o debe de ser muy pequeño..., minúsculo, en realidad!
Luego lo pensó mejor y convirtió su aparato óptico en un telemicroscopio: un instrumento que combinaba en uno solo las funciones opuestas del telescopio y del microscopio. Podía observar aquellos fenómenos que son tan grandes y tan próximos que nadie repara en ellos (como todo el ancho mundo, que su máquina reducía al tamaño de un granito de arena), así como los que son tan lejanos que se sitúan en la curva de los mismos confines del cosmos, directamente detrás de la cabeza del observador.
Un día, mientras contemplaba su propio occipucio a través de varios miles de millones de años-luz de distancia, gracias a la curvatura del cosmos (utilizaba luz de taquiones), Herr Professor observó una diminuta figura que bailaba y agitaba los brazos para llamar su atención. Aumentando la magnificación un par de divisiones de la escala logarítmica, tuvo la satisfacción de comprender que aquél a quien observaba debía ser sin duda el Dios a quien andaba buscando...
Ian Watson; El Jardín de las Delicias
domingo, 25 de agosto de 2013
METALITERATURA: Cartas a un joven poeta
Era en 1902, a fines de otoño. Estaba yo sentado en el parque de la Academia Militar de Wiener Neustadt, bajo unos viejísimos castaños, y leía en un libro. Profundamente sumido en la lectura, noté apenas cómo se llegó junto a mí Horacek, el sabio y bondadoso capellán de la Academia, el único entre nuestros profesores que no fuera militar. Me tomó el libro de las manos, contempló la cubierta y movió la cabeza. "¿Poemas de Rainer María Rilke?", preguntó pensativo. Y, hojeando luego al azar, recorrió algunos versos con la vista, miró meditabundo a lo lejos, e inclinó por fin la frente, musitando: "Así, pues, el cadete Renato Rilke nos ha salido poeta..."
De este modo supe yo algo del niño delgado y pulido, entregado por sus padres más de quince años atrás a la Escuela Militar Elemental de Sankt Poelten, para que algún día llegase a oficial. Horacek había estado de capellán en aquel establecimiento y aún recordaba muy bien al antiguo alumno. El retrato que de él me hizo fue el de un joven callado, serio y dotado de altas cualidades, que gustoso manteníase retraído y soportaba con paciencia la disciplina del internado. Al terminar el cuarto curso, pasó junto con los demás alumnos a la Escuela Militar Superior de Weisskirchen, en Moravia. Allí, por cierto, echóse de ver que su constitución no era bastante recia, y así sus padres tuvieron que retirarlo del establecimiento, haciéndole proseguir estudios en Praga, cerca del hogar. De cómo siguió desarrollándose luego el camino externo de su vida, ya nada supo referirme Horacek.
Por todo ello, será fácil comprender que yo, en aquel mismo instante, decidiera enviar mis ensayos poéticos a Rainer Maria Rilke y solicitar su dictamen. No cumplidos aún los veinte años, y hallándome apenas en el umbral de una carrera, que en mi íntimo sentir era del todo contraria a mis inclinaciones, creía que si acaso podía esperar comprensión de alguien, había de encontrarla en el autor de "Para mi propio festejo". Y sin que lo hubiese premeditado, tomó cuerpo y juntóse a mis versos una carta, en la cual me confiaba tan francamente al poeta como jamás me confié, ni antes ni después, a ningún otro ser.
Muchas semanas pasaron hasta que llegó la respuesta. La carta, sellada con lacre azul, pesaba mucho en la mano, y, en el sobre, que llevaba la estampilla de París, veíanse los mismos trazos claros, bellos y seguros, con que iba escrito el texto, desde la primera línea hasta la última. Iniciada de esta manera mi asidua correspondencia con Rilke, prosiguió hasta el año 1908, y fue luego enriqueciéndose poco a poco, porque la vida me desvió hacia unos derroteros de los que precisamente había querido preservarme el cálido, delicado y conmovedor desvelo del poeta.
Pero esto no tiene importancia. Lo único importante son las diez cartas que siguen. Importante para saber del mundo en que vivió y creó Rainer Maria Rilke. Importante también para muchos que se desenvuelvan y se formen hoy y mañana. Y ahí donde habla uno que es grande y único, deben callarse los pequeños.

Franz Xaver Kappus.
Berlín, junio de 1929.
Rainer Maria Rilke; Cartas a un joven poeta. (Introducción)
miércoles, 21 de agosto de 2013
El nirvana y el átomo (2ª parte)
¿Podrían considerarse la vida y la consciencia como un cáncer de la materia o una propiedad inherente al núcleo del átomo? Los sabios contemporáneos no piensan que la vida sea un fenómeno único en el universo. Sin embargo, cuando llegamos a sus atributos, las opiniones difieren.
Thomas Mann presenta la consciencia como la necesidad universal experimentada por la naturaleza para completar su propio conocimiento. Es el deseo de la vida de comprenderse ella misma. La necesidad que tiene la materia de definirse.
Seres vivientes inferiores poseen a menudo un elevado grado de inteligencia, por ejemplo el delfín. En la bahía del Almirantazgo, en Nueva Zelanda, Pelorus Jack escoltó navíos y buques como un práctico durante treinta años. La Marina de los Estados Unidos empleó los servicios de Tuffy, una marsopa de siete pies que servía de estafeta en el océano Pacífico, cerca de San Diego, en California.
En general, los autores se refieren al tamaño de su cerebro para explicar la inteligencia del delfín. Pero, ¿qué diremos de la pequeña abeja que da informaciones sobre los campos de flores, la calidad del polen disponible, su emplazamiento exacto, su distancia con relación a la colmena, informaciones todas que son transmitidas por una especie de danza y de sonidos que nosotros no podemos percibir? Los termes no tienen mucha más materia cerebral y, sin embargo, poseen el suficiente sentido común para fertilizar sus criaderos. Las hormigas mantienen lecherías, donde los pulgones están sometidos al ordeño, como las vacas. Son capaces de escoger el sexo de su progenitura y, gracias a esta elección, pueden controlar su población. La Ciencia dice que el instinto lo explica todo. Pero, ¿no es el instinto una forma de consciencia colectiva para determinadas especies?
La Ciencia estudia la inteligencia en los animales inferiores a la especie humana. Pero no quiere admitir que el conocimiento mental pueda extenderse a las formas más ínfimas de la vida, hasta el mismo átomo.
Concebir que un sistema astronómico como una galaxia sea un centro de consciencia sería igualmente considerado como no científico. Olaf Stapleton, autor de cienciaficción, imagina nuestra Vía Láctea como un vasto cuerpo dotado de consciencia. En esta galaxia hay diez veces tantos soles como células en el cerebro humano.
Uno está en su derecho al maravillarse de la falta de imaginación de nuestros sabios contemporáneos quienes, por una parte, enseñan la teoría de la evolución -de la ameba al académico- y, por otra parte, llevados por su vanidad, no son capaces de ver las formas más altas de la vida cósmica.
Johann Lambert (1728-1777), un profesor alemán, fue el primero que en los tiempos modernos sugirió la posibilidad de una jerarquía en el Cosmos. Estaba convencido de que la mayor parte de estrellas tenían familias de planetas. Consideraba los sistemas planetarios como sistemas de primer orden. Lambert sospechaba que los soles y los planetas formaban una unidad cósmica de mayor dimensión. Esta teoría fue confirmada más tarde por el descubrimiento de la galaxia de la Vía Láctea que, en la nomenclatura de Lambert, era un sistema de segundo orden. Por analogía, Johann Lambert llegaba a la conclusión de que esas formaciones de segundo orden debían ser las componentes de un orden superior. Lo que en el siglo XVIII era una atrevida especulación fue demostrado de una forma brillante, hace relativamente poco, con el descubrimiento de la metagalaxia. Por otra parte, Lambert no pensaba que este tercer orden fuera necesariamente el orden final.
El filósofo Leibniz cultivaba la idea que cada unidad cósmica de vida estaba formada de partes más pequeñas o <<mónadas>>. Los átomos, las hormigas, los animales, los hombres, los planetas, los soles y las galaxias pueden ser las cristalizaciones de una sola y misma esencia de la consciencia cósmica universal.
Es innegable que la vida florece a partir de la semilla del átomo. Aparentemente, la necesidad de manifestarse en forma y principio vivientes está arraigada en el corazón de la Materia. Bajo los hielos del polo Norte, la vida marítima es tan rica y activa como en no importa qué mar tropical. Así, pues, la vida dinámica ignora la geografía y se adapta a las condiciones exteriores.
La consciencia es, probablemente, un atributo universal de la Materia y, sin embargo, es encauzada por la Ciencia a un rango limitado en la escala de la evolución, en la que nosotros ocupamos el lugar de honor. Esta concepción es geocéntrica y antropomórfica. <<¿Por qué se detendrían las cosas en el Hombre?>>, preguntaba H. G. Wells.
Teilhard de Chardin hablaba de Ultrahumanidad, una futura raza humana superior. Se puede pensar en una raza superior más antigua que existiría ya en las estrellas. Debemos darnos cuenta de que la evolución no puede conducirnos a ningún callejón sin salida a causa de la progresión infinita de la vida.
Nuestra madre Naturaleza manifiesta ser inteligente creando las proporciones geométricas y la belleza de los cristales, de las conchas, de las flores, de los pájaros y de los animales. Que de las formas primitivas resulten formas complejas y perfectas es un fenómeno que puede explicarse por la sola presencia del espíritu universal en el átomo.
La clave del misterio del Tiempo puede estar escondida en el núcleo del átomo viviente.
Andrew Tomas; La barrera del Tiempo
martes, 20 de agosto de 2013
Pincelada de C.S. Lewis
"Los cristianos y los paganos tienen mucho más en común entre ellos que con cualquiera de los postcristianos. El hueco que separa a aquellos que adoran a dioses diferentes no es tan amplio como el que separa a alguien que adora a una deidad y alguien que no cree en ninguna [...] Un postcristiano no es un pagano, es como creer que una mujer recupera su virginidad gracias a que se divorcia. El postcristianismo queda separado del pasado cristiano y por lo tanto, doblemente separado del pasado pagano."
lunes, 19 de agosto de 2013
La India aria
Las tribus arias se habían establecido principalmente en los valles de los ríos Indo y Ganges. Allí criaban ganado vacuno, cabrío y ovino, cultivaban cereales y confeccionaban útiles y armas de bronce. Pero, durante mucho tiempo, se abstuvieron de construir ciudades.
Aunque la primitiva vida aria seguía siendo tribal, había ya clases diferentes: nobles y guerreros (kshatrias), sacerdotes (brahmanes) y campesinos y artesanos (vaishyas). Una cuarta clase, la de los siervos (shudras), surgió cuando los arios se convirtieron en los amos de los drávidas.
A través de los siglos, la composición de las clases o castas sufrió alguna alteración, pero éstas se hicieron más cerradas. Un ario podía bajar la escala con bastante rapidez, o convertirse en un paria si se casaba con una mujer no aria; pero el ascenso era otro asunto. Los brahmanes transformaron el sistema de castas en un principio religioso, protegiendo de este modo su propia situación encumbrada, la cual reforzaron más y más al complicar el ritual.
La mayoría de los dioses del brahmanismo, Indra (dios del aire y de la lluvia), Agni (dios del fuego), Dyaus (dios del cielo), etcétera, eran antiguos dioses védicos, parecidos a los de los griegos y romanos. Mitra, el dios del Sol, también aparece en el primitivo panteón persa.
Aproximadamente entre los años 800 y 500 a. de C., los arios se extendieron hacia el Este, a lo largo del río Ganges. Un antiguo poema, el Mahabharata, canta como una gran guerra lo que probablemente fue un choque entre tribus; pero ni la época ni los participantes pueden ser fijados con exactitud. En cambio, los escritos sagrados nos dan información específica sobre doctrinas religiosas. Por ejemplo, los Upanishadas (enseñanzas confidenciales), escritos entre los años 600 y 300 a. de C., introdujeron la idea del continuo renacimiento del hombre (samsara), dependiendo su situación en cada vida de sus acciones en las vidas anteriores (karma). Esta idea ayudó a los sacerdotes a conservar el sistema de castas.
Al vigorizarse el brahmanismo, surgieron inevitablemente las disidencias. Los jainos (siglo VI de nuestra era) predicaron el ascetismo. Buscaban el dolor físico y hacían vida de aislamiento en los bosques.
Otra alternativa al brahmanismo fue la propuesta por Siddhartha Gautama, príncipe norteño que nació alrededor del año 560 a. de C. Siddhartha renunció a su vida de príncipe para buscar la razón de la miseria humana. Después de años de caminar sin rumbo, le fue revelada la verdad. Su revelación conjugó la antigua idea de karma con la del nirvana, liberación final del dolor soportado en las vidas sucesivas. El ser individual podía conseguir el nirvana (unión con el Ser del Universo) llevando una vida de meditación, de austeridad y de altruismo.
Las enseñanzas de Siddhartha le valieron el título de Buda, "el Iluminado". En el siglo III a. de C., el budismo contaba con muchos monasterios y templos en toda la India, coexistiendo con el brahmanismo, el jainismo y otras religiones.
Biblioteca de los Conocimientos, Antiguas Civilizaciones; Plaza & Janes S.A.
TAUMATURGIA: Inadmisible
Inadmisible,
adj. Que no merece ser considerado. Dícese de ciertos
testimonios que los jurados son incapaces de apreciar, y que
en consecuencia los jueces rechazan, aun en procedimientos de
los que son los únicos árbitros. La evidencia de oídas es
inadmisible, porque la persona a quien se cita no ha prestado
juramento y no puede ser interrogada por el tribunal; no
obstante, la evidencia de oídas sirve diariamente de
fundamento a las más importantes acciones, militares,
políticas, comerciales y de cualquier otra clase. No existe
en el mundo una religión que no se funde en la evidencia de
oídas. La revelación es evidencia de oídas; que las Escrituras
sean la palabra de Dios, es cosa que sabemos solamente por el
testimonio de hombres muertos hace mucho tiempo, cuya
identidad no está claramente establecida y que no prestaron
ningún tipo de juramento. Según las reglas de la evidencia
judicial ninguna de las afirmaciones de la Biblia sería
admisible ante un tribunal. Tampoco podría probarse que la
batalla de Blenheim se libró, que existió Julio César,
que hubo un imperio asirio. En cambio, y puesto que los
archivos judiciales constituyen evidencia admisible, puede
probarse fácilmente que han existido poderosos y perversos
magos que fueron un azote para la humanidad. La evidencia
(confesiones inclusive) que sirvió para condenar y ejecutar
por hechiceras a ciertas mujeres, no tenía fallas; aún hoy es
inatacable. Las decisiones judiciales fundadas en ella eran
justas dentro de la lógica y la ley. Nada está mejor probado
ante un tribunal que los cargos de brujería que llevaron
a tantos a su muerte. Si las brujas no existieran, el
testimonio humano y la razón humana carecerían igualmente de
valor.
Ambrose Bierce; El Diccionario del Diablo.
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