lunes, 19 de agosto de 2013

TAUMATURGIA: Inadmisible

 
Inadmisible, adj. Que no merece ser considerado. Dícese de ciertos testimonios que los jurados son incapaces de apreciar, y que en consecuencia los jueces rechazan, aun en procedimientos de los que son los únicos árbitros. La evidencia de oídas es inadmisible, porque la persona a quien se cita no ha prestado juramento y no puede ser interrogada por el tribunal; no obstante, la evidencia de oídas sirve diariamente de fundamento a las más importantes acciones, militares, políticas, comerciales y de cualquier otra clase. No existe en el mundo una religión que no se funde en la evidencia de oídas. La revelación es evidencia de oídas; que las Escrituras sean la palabra de Dios, es cosa que sabemos solamente por el testimonio de hombres muertos hace mucho tiempo, cuya identidad no está claramente establecida y que no prestaron ningún tipo de juramento. Según las reglas de la evidencia judicial ninguna de las afirmaciones de la Biblia sería admisible ante un tribunal. Tampoco podría probarse que la batalla de Blenheim se libró, que existió Julio César, que hubo un imperio asirio. En cambio, y puesto que los archivos judiciales constituyen evidencia admisible, puede probarse fácilmente que han existido poderosos y perversos magos que fueron un azote para la humanidad. La evidencia (confesiones inclusive) que sirvió para condenar y ejecutar por hechiceras a ciertas mujeres, no tenía fallas; aún hoy es inatacable. Las decisiones judiciales fundadas en ella eran justas dentro de la lógica y la ley. Nada está mejor probado ante un tribunal que los cargos de brujería que llevaron a tantos a su muerte. Si las brujas no existieran, el testimonio humano y la razón humana carecerían igualmente de valor.
Ambrose Bierce; El Diccionario del Diablo.

jueves, 15 de agosto de 2013

Dulce Et Decorum Est



Encorvados cual mendigos viejos bajo una tela de saco,
con las rodillas temblando, tosiendo igual que brujas decrépitas,
avanzamos como pudimos por el lodo, escupiendo maldiciones,
hasta que dejamos atrás el resplandor, grabado para siempre
    en nuestro recuerdo,
e iniciamos el penoso camino hacia el lejano descanso.
Unos caminaban dormidos; muchos habían perdido las botas,
pero seguían adelante, cojeando, embadurnados de sangre.
Mutilados, ciegos, aturdidos de cansancio,
sordos incluso a los silbidos de las furiosas bombas
que seguían cayendo a nuestra espalda.


                                 Wilfred Owen, sobre la vida en las trincheras en la 1ª Guerra Mundial

martes, 13 de agosto de 2013

El tío Judas

Toda la región era sorprendente, estaba marcada por un carácter de grandeza casi religiosa y de siniestra desolación.
    En el centro de un vasto círculo de colinas yermas donde no crecían más que aliagas, y, en algunos sitios, un extraño roble torcido por el viento, se extendía una vasta laguna salvaje, de agua negra y dormida, donde temblaban millares de cañas.
    Una sola casa a orillas de aquel lago sombrío, una casita baja habitada por un viejo barquero, el tío Joseph, que vivía del producto de la pesca. Todas las semanas llevaba sus peces a los pueblos vecinos, y regresaba con las sencillas provisiones que necesitaba para vivir.
    Quise ver a aquel solitario, y él se ofreció a llevarme a retirar sus nasas. Acepté.
    Su barca era vieja, carcomida y tosca. Y él, huesudo y flaco, remaba con un movimiento monótono y suave que acunaba el espíritu, cercado ya por la tristeza del horizonte.
    Me creía transportado a los primeros tiempos del mundo, en medio de aquel paisaje antiguo, en aquella embarcación primitiva que manejaba aquel hombre de otra época.
    Levantó sus redes, y arrojaba los peces a sus pies con ademanes de pescador bíblico. Después quiso pasearme hasta el final de la ciénaga, y de pronto divisé, en la otra orilla, una ruina, una choza despanzurrada cuya pared tenía una cruz, una cruz enorme, que parecía trazada con sangre, bajo los últimos resplandores del sol poniente.
    Pregunté:
    -¿Qué es eso?
    El hombre se persignó al punto, y después respondió:
    -Allí es donde murió Judas.
    No me sorprendí, como si hubiera podido esperarme tan extraña respuesta.
    Insistí, sin embargo:
    -¿Judas? ¿Qué Judas?
    Él agregó:
    -El Judío errante, señor.
    Le rogué que me contase aquella leyenda. Pero era más que una leyenda; era una historia, y casi reciente, pues el tío Joseph había conocido al hombre.
    Antaño aquella cabaña estaba ocupada por una mujer muy alta, una especie de mendiga, que vivía de la pública caridad. El tío Joseph ya no se acordaba de quién le había dado la choza. Ahora bien, una noche, un viejo de barba blanca, un viejo que parecía dos veces centenario, y que se arrastraba con dificultad, pidió al pasar limosna a aquella miserable.
    Ella respondió:
    -Siéntese, abuelo; todo lo que hay aquí es de todos, porque de todos procede.
    Él se sentó en una piedra delante de la puerta. Compartió el pan de la mujer, y su cama de hojas, y su casa.
    Ya no se separó de ella. Habían acabado sus viajes.
    El tío Joseph agregó:
    -Fue la Virgen Nuestra Señora la que lo permitió, señor, en vista de que una mujer había abierto su puerta a Judas.
    Pues el viejo vagabundo era el Judío errante.
    En la región no se supo enseguida, pero pronto se sospechó, pues caminaba sin parar, tan acostumbrado estaba a hacerlo.
    Otra razón hizo nacer las sospechas. La mujer que albergaba en su casa al desconocido pasaba por judía, pues nunca se la había visto en la iglesia.
    En diez leguas a la redonda sólo la llamaban <<la Judía>>. Cuando los niños pequeños de la región la veían llegar mendigando, gritaban: <<¡Mamá, mamá, es la Judía!>>.
    El viejo y ella empezaron a vagar por los pueblos vecinos, tendiendo la mano en todas las puertas, balbuciendo súplicas a espaldas de todos los transeúntes. Se les vio a cualquier hora del día, por sendieros perdidos, a lo largo de los pueblos, o bien comiendo un pedazo de pan a la sombra de un árbol solitario, con el gran calor del mediodía.
    Y en la comarca empezaron a llamarle al mendigo <<el tío Judas>>.

Ahora bien, un día, trajo en sus alforjas dos cerditos vivos que le habían dado en una granja, porque había curado al granjero de un mal.
    Y pronto dejó de mendigar, muy ocupado en conducir a sus cerdos para alimentarlos, paseándolos a lo largo de la laguna, bajo los robles aislados de los vallecitos vecinos. La mujer, en cambio, vagaba sin cesar en busca de limosnas, pero se reunía con él todas las noches.
    Tampoco él iba nunca a la iglesia, y nunca lo habían visto hacer la señal de la cruz delante de los cruceros. Todo ello provocaba muchos cotilleos.
    Una noche, a su compañera le dio la fiebre y empezó a temblar como una tela agitada por el viento. Él se acercó a la aldea a buscar medicinas, después se encerró a su lado, y durante seis días no se le volvió a ver.
    Pero el cura, habiendo oído decir que <<la Judía>> iba a morir, acudió a llevar los consuelos de su religión a la moribunda, y a ofrecerle los últimos sacramentos. ¿Era judía? Él no lo sabía. Deseaba, en cualquier caso, intentar salvar su alma.
    En cuanto llamó a la puerta, el tío Judas apareció en el umbral, jadeante, con los ojos encendidos, con toda la gran barba agitada como un agua que chorrea, y gritó en una lengua desconocida palabras blasfemas, extendiendo sus flacos brazos para impedir que el sacerdote entrase.
    El cura quiso hablar, ofrecer su bolsa y sus cuidados, pero el viejo seguía insultándolo, haciendo con las manos el ademán de tirarle piedras. Y el sacerdote se retiró, perseguido por las maldiciones del mendigo.
    Al día siguiente la compañera del tío Judas murió. Él mismo la enterró ante su puerta. Era una gente tan insignificante que nadie se ocupó del asunto.
    Y se volvió a ver al hombre guiando a sus cerdos a lo largo de la laguna y por las laderas de las colinas. A menudo también él volvía a mendigar para comer. Pero ya no le daban casi nada, tantas eran las historias que sobre él circulaban. Y cada cual sabía también de qué manera había recibido al cura.
    Desapareció. Era durante la Semana Santa. Nadie se preocupó.
    Pero el lunes de Pascua, unos chicos y chicas que habían ido de paseo hasta la laguna oyeron un gran ruido en la choza. La puerta estaba cerrada; los chicos la derribaron y los dos cerdos escaparon saltando como machos cabríos. Nadie los volvió a ver.
    Entonces, al entrar toda aquella gente, descubrieron en el suelo algunas ropas viejas, el sombrero del mendigo, unos huesos, sangre seca y restos de carne en las cavidades de una calavera.
    Sus cerdos lo habían devorado.
    Y el tío Joseph agregó:
    -Eso ocurrió, señor, el Viernes Santo, a las tres de la tarde.
    Pregunté:
    -¿Cómo lo sabe?
    Respondió:
    -No cabe la menor duda.
    Traté de hacerle comprender que era muy natural que los animales hambrientos se hubieran comido a su dueño, muerto de repente en su choza.
    En cuanto a la cruz de la pared, había aparecido una mañana, sin que se supiera qué mano la había trazado de aquel extraño color.
    A partir de entonces, nadie dudó que el Judío errante había muerto en aquel lugar.
    Yo mismo lo creí durante una hora.


                                                                                                           Guy de Maupassant

lunes, 12 de agosto de 2013

Tartesos (1ª parte)

Las primeras noticias que tenemos de Tartesos son de origen mítico. Allí vivía Gerión, el gigante de las tres cabezas, que pastoreaba los más hermosos toros de occidente. Hércules viajó hasta su isla para robar estos preciados animales. La leyenda de Hércules y Gerión es muy antigua, conservándose en numerosos textos e imágenes del mundo griego y romano. De Tartesos, encontramos referencias lejanas dentro de las primeras obras de nuestra civilización. Hesíodo nos dice que Crisaor se había unido a Caliroe, hija del Océano, para engendrar al monstruoso Gerión. Las expediciones marítimas de la Odisea nos hablan del misterioso Atlántico, donde se adivinan las comarcas tartésicas. Una ínsula en el delta de un gran río. Esteban de Bizancio y Posidonio sitúan Tartesos en la desembocadura del río Homónimo. Heródoto, en sus Nueve Libros de la Historia, también proporciona algunos datos sobre Argantonio, el rey longevo de Tartesos. Avieno el poeta que versificó la geografía arcaica de la península, nos refiere que hubo una ciudad rodeada de murallas y protegida por brazos fluviales llamada Tartesos. Según Hecateo, no sólo era una ciudad-estado, sino una monarquía cuyo poder político se extendía principalmente por todo el valle del Guadalquivir. Con una lengua, leyes, costumbres y economía propia, que se regía desde una capital dueña de las riquezas metalúrgicas de Andalucía. Su flota, poseía unas características nuevas, que en el mundo mediterráneo vinieron a simbolizar lo fuerte y poderoso. "Naves tartésicas", las llama también la biblia, comparándolas con el orgullo técnico de la humanidad. Con ellas, se explotaba la "Ruta del Estaño", que subía hasta las islas británicas, ya que España no era capaz de producir todo el estaño que necesitaban los países orientales. Y esta materia era indispensable para la obtención del bronce, y fabricar cascos, yelmos, hachas, espadas, etcétera.
    Tartesos fue una civilización nacida en las tierras de occidente, ajena al mundo ibérico, y después de desarrollarse durante algunos siglos se diluyó en las influencias púnicas, griegas, romanas. Símbolos fenicios y egipcios, le dieron un aspecto orientalizante. Su arte se materializó en joyas, objetos preciosos, utensilios. Desgraciadamente esta materia prima fue siempre muy cotizada. De su arquitectura conocemos poco, aunque como afirmó el profesor Schulten es consecuencia de la falta de excavaciones. No existen tampoco monedas propiamente tartésicas, debido a la introducción tardía de este invento. De los hallazgos sobre esta cultura ninguno tan interesante como los grupos de joyas a los que se ha bautizado con el nombre de "tesoros" o "tesorillos". La obligada selección nos lleva a mencionar los tres principales: de la Aliseda, el Carambolo, y el del cortijo de Evora. En el Carambolo, un cerro de las cercanías de Sevilla se descubrieron en 1958 veintiuna piezas dentro de una vasija. Pectorales, brazaletes, placas, collares, totalizaban la mayor muestra de la orfebrería tartésica. Pese a estos descubrimientos, la civilización de este pueblo misterioso, es una civilización iceberg. Se han visto algunas muestras aflorando, aunque la mayor parte de su masa se encuentra oculta. Pero, ¿quiénes eran estos marinos de hace tres milenios, capaces de beneficiar los metales, y navegar por el Atlántico? No es sencillo dar una respuesta a este interrogante.
(...)


                                                      Historia de España (presentación); Editorial Genil, S.A.

Pincelada de Thomas Vaughan

"La noche última vi la Eternidad.
Como un gran círculo de pura e infinita luminosidad,
Brillaba, tan apacible era,
Y por debajo de él, el Tiempo, en horas, días y años
Se movía como una inmensa sombra
Conducida por las celestes esferas..."

sábado, 10 de agosto de 2013

Creación de la realeza en la Tierra


De no haber existido la caída, Adán y Eva hubiesen alcanzado la categoría de Verdaderos Padres, sin pecado, llegando a la perfección. De haber sido así, sus hijos hubiesen formado una verdadera familia, una verdadera tribu, una verdadera nación y un verdadero mundo. Así tendría que haber sido establecida la verdadera paternidad en todos los niveles, desde el mismísimo comienzo. En cada nivel de paternidad, la autoridad real hubiese sido otorgada automáticamente en una esfera cultural unificada. Por consiguiente, Adán y Eva habrían sido el rey y la reina de una familia, de un clan, de una nación unificada, de un mundo, etc. Pero al caer el hombre, su destino fue el de tener que pasar por el Mesías. ¿Cuál es la definición del Mesías? El Mesías es el que viene en lugar de los Verdaderos Padres y llega a ocupar ese puesto.
    Durante sus cuatro mil años de historia, Dios envió al Mesías, Jesucristo, que vino como salvador. Sin embargo, durante su vida se esperaba que eligiera una novia del mundo de Satanás y, con ella, consumara su misión como Verdaderos Padres.
    Jesucristo vino como salvador, pero lo que es más importante, vino en lugar de Adán, para realizar la tarea que le hubiera correspondido a Adán. Era ésta su misión, y debía cumplirla Él a todos los niveles. Pero fue crucificado antes de haber podido consumar esa misión. Llegó a la Tierra y debía establecer un reino en lugar de Adán. Él deseaba realizar esa tarea desde la familia hasta un nivel mundial. De no poderla realizar, el ideal de Dios no se podría llevar a cabo. Ésta es la base del Principio Divino y la historia de la Providencia de Dios.
    Hoy día, los cristianos dicen que el Señor tiene que volver. En realidad, todas las religiones esperan lo mismo. Esto aclara sencillamente el mensaje de que el Mesías debe venir para terminar la misión que Jesús dejó incompleta hace dos mil años, y que era la de completar la misión de Adán.
    El movimiento de Unificación es el encargado de realizar ese ideal. Si yo hubiera sido aceptado en 1945 por la Cristiandad Coreana, no tendríamos que haber pasado por el sendero de la unificación ni haber padecido tantos años, sobre todo en los Estados Unidos. El motivo de ello, es que los cristianos de Corea hubieran sido ligados directamente a la cristiandad de los Estados Unidos. La aceptación por parte de Corea hubiese significado la aceptación universal.
    Nadie conocía el hecho increíble de que los Estados Unidos ocupan hoy el lugar de Roma hace dos mil años, ni el de que Corea ocupa hoy la posición de Israel en aquel entonces, ni de que yo ocupo el puesto de Jesús. Nadie lo sabía. El Imperio Romano de hace dos milenios era una nación satánica. Sin embargo, ese imperio había de constituir una base para la proclamación del cristianismo a través del mundo entero. Si la Cristiandad me hubiese aceptado, la revelación podría haber sido cumplida. No habrían sido necesarios más cimientos. No hubieran sido precisos los últimos cuarenta años de historia de la Iglesia de la Unificación, ya que el Cristianismo habría servido de esos cimientos que hoy ofrece la Iglesia de la Unificación.
    Yo vine a terminar de cumplir la misión que Jesús dejó inacabada. Jesús realizó sólo el aspecto espiritual. Yo vine para perfeccionar ese aspecto espiritual y ponerlo al nivel físico. Vine para cumplir tanto la misión de Jesús como la de Adán.
    Desde el punto de vista de Dios, después de la segunda Guerra Mundial, cuando la Cristiandad coreana no quiso unirse a mí, Dios vio la necesidad de crear otro fundamento en lugar de la Cristiandad, así como una ideología que sobrepasara las ideologías del mundo democrático y del mundo comunista.
    Dado que necesitó establecer ese tipo de fundamento, de cimentación, yo soy el centro de atención. Tanto el mundo libre como el comunista se pusieron contra mí, porque yo intento crear una sustitución de ambos mundos. Ahora debo enfrentarme con los Estados Unidos de América.


Fragmento del discurso de Sun Myung Moon durante la boda
de su hijo ya muerto con la hija del coronel Pak.
La traducción es íntegra y literal del texto en inglés publicado en la revista
Today's World, número de abril de 1984. Esta revista está editada por la
secta Moon y es de circulación muy reservada.
Pepe Rodríguez; La conspiración Moon

viernes, 9 de agosto de 2013

Un conjuro para acabar con insectos y roedores

En este conjuro, las piedras y las diosas felinas del mes de agosto se unen para ofrecer protección contra los roedores hambrientos que buscan la cosecha. Puedes desterrar a los insectos y roedores de cualquier zona. Para el hechizo necesitas tres perlas o piedras sueltas, preferiblemente una de cada (el ojo de gato, el ágata de fuego y el jaspe). Empieza cargando las piedras.
Primero, el ojo de gato:
Bast de los gatos, ven hacia mí.
Abre tu ojo y muestra tu rostro,
Aquí hay ratas -¡ven y cázalas!

Después, carga el ágata de fuego:
Sejmet, leona del Sol,
eleva la llama del fuego, ¡la guerra ha empezado!
Aquí hay ratones -mira como corren.

Por último, carga el jaspe:
Ishtar, leona que estás en la puerta,
levanta el jaspe de tu destino,
Aquí hay insectos -¡arréglalo!

Pon las tres piedras en la zona que quieras proteger.

Bast, Sejmet e Ishtar, contemplad.
Tres diosas felinas antiguas
que tan audaces estáis de guardianas.

Alzad vuestra mirada, como antes
¡Abrid vuestras gargantas y rugid!
Entonces ya no habrá más insectos y roedores.

Visualiza cómo Bast, Sejmet e Ishtar patrullan esa zona de forma felina. Contempla cómo cazan los ratones y las ratas, cómo ahuyentan a los insectos. Deja las piedras en ese lugar para fijar el conjuro.


                                                                                 Calendario de las Brujas de Llewellyn