domingo, 3 de noviembre de 2013

Historia de fantasmas

CIPRIANO SE puso de pie y empezó a pasear, según costumbre, siempre que su ser estaba embargado por algo muy importante y trataba de expresarse ordenadamente, y recorrió la habitación de un extremo a otro.
    Los amigos se sonrieron en silencio. Se podía leer en sus miradas: <<¡Qué cosas tan fantásticas vamos a oír!>>.
    Cipriano se sentó y empezó así:
    -Ya sabéis que hace algún tiempo, después de la última campaña, hallábame en las posesiones del coronel de P... El coronel era un hombre alegre y jovial, así como su esposa era la tranquilidad y la ingenuidad en persona.
    >>Mientras yo permanecía allí, el hijo se encontraba en la armada, de modo que la familia se componía del matrimonio, de dos hijas y de una francesa que desempeñaba el cargo de una especie de gobernanta, no obstante estar las jóvenes fuera de la edad de ser gobernadas. La mayor era tan alegre y tan viva que rayaba en el desenfreno, no carente de espíritu, pero apenas podía dar cinco pasos sin danzar tres contradanzas, así como en la conversación saltaba de un tema a otro, infatigable en su actividad. Yo mismo presencié cómo en el espacio de diez minutos hizo punto..., leyó..., dibujó..., cantó..., bailó, y que en un momento lloró por el pobre primo que había quedado en el campo de batalla y aún con lágrimas en los ojos prorrumpió en una sonora carcajada, cuando la francesa echó sin querer la dosis de rapé en el hocico del faldero, que al punto comenzó a estornudar, y la vieja a lamentarse: "Ah, chè fatalità! Ah, carino, poverino!". Acostumbraba a hablar al susodicho faldero sólo en italiano, pues era oriundo de Padua.
    >>Por lo demás, la señorita era la rubia más encantadora que podía imaginarse, y en todos sus extraños caprichos dominaba la amabilidad y la gracia, de manera que ejercía una fascinación irresistible, como sin querer. La hermana más joven, que se llamaba Adelgunda, ofrecía el ejemplo contrario. En vano trato de buscar palabras para expresaros el efecto maravilloso que causó en mí esta criatura la primera vez que la vi. Imaginaos la figura más bella y el semblante más hermoso. Aunque una palidez mortal cubría sus mejillas, y su cuerpo se movía suavemente, despacio, con acompasado andar, y cuando una palabra apenas musitada salía de sus labios entreabiertos y resonaba en el amplio salón, sentíase uno estremecido por un miedo fantasmal.
    >>Pronto me sobrepuse a esta sensación de terror, y como pudiese entablar conversación con esta muchacha tan reservada, llegué a la conclusión de que lo raro y lo fantasmagórico de su figura sólo residía en su aspecto, que no dejaba traslucir lo más mínimo de su interior. De lo poco que habló la joven se dejaba traslucir una dulce feminidad, un gran sentido común y un carácter amable. No había huella de tensión alguna, así como la sonrisa dolorosa y la mirada empañada de lágrimas no eran síntoma de ninguna enfermedad física que pudiera influir en el carácter de esta delicada criatura.
    >>Me resultó muy chocante que toda la familia, incluso la vieja francesa, parecían inquietarse en cuanto la joven hablaba con alguien, y trataban de interrumpir la conversación, y, a veces, de manera muy forzada. Lo más raro era que, en cuanto daban las ocho de la noche, la joven primero era advertida por la francesa y luego por su madre, por su hermana y por su padre, para que se retirase a su habitación, igual que se envía a un niño a la cama, para que no se canse, deseándole que duerma bien. La francesa la acompañaba, de modo que ambas nunca estaban a la cena, que se servía a las nueve en punto.
    >>La coronela, dándose cuenta de mi asombro, se anticipó a mis preguntas, advirtiéndome que Adelgunda estaba delicada, y que sobre todo al atardecer y a eso de las nueve se veía atacada de fiebre y que el médico había dictaminado que hacia esta hora, indefectiblemente, fuera a reposar. Yo sospeché que había otros motivos, aunque no tenía la menor idea. Hasta hoy no he sabido la relación horrible de cosas y acontecimientos que destruyó de un modo tan tremendo el círculo feliz de esta pequeña familia.
    >>Adelgunda era la más alegre y la más juvenil criatura que darse pueda. Se celebraba su catorce cumpleaños, y fueron invitadas una serie de compañeras suyas de juego. Estaban sentadas en un bello bosquecillo del jardín del palacio y bromeaban y se reían, ajenas a que iba oscureciendo cada vez más, a que las escondidas brisas de julio comenzaban a soplar y que se acababa la diversión. En la mágica penumbra del atardecer empezaron a bailar extrañas danzas, tratando de fingirse elfos y ágiles duendes: "Oídme -gritó Adelgunda, cuando acabó por hacerse de noche en el boscaje-, oídme, niñas, ahora voy a aparecerme como la mujer vestida de blanco, de la que nos ha contado tantas cosas el viejo jardinero que murió. Pero tenéis que venir conmigo hasta el final del jardín, donde está el muro". Nada más decir esto, se envolvió en su chal blanco y se deslizó ligerísima a través del follaje, y las niñas echaron a correr detrás de ella, riéndose y bromeando. Pero apenas hubo llegado Adelgunda al arco medio caído se quedó petrificada y todos sus miembros paralizados. El reloj del palacio tocó las nueve: "¿No veis -exclamó Adelgunda con el tono apagado y cavernoso del mayor espanto-, no veis nada..., la figura... que está delante de mí? ¡Jesús! Extiende la mano hacia mí..., ¿no la veis?".
    >>Las niñas no veían lo más mínimo, pero todas se quedaron sobrecogidas por el miedo y el terror. Echaron a correr, hasta que una que parecía la más valiente, saltó hacia Adelgunda y trató de cogerla en sus brazos. Pero en el mismo instante Adelgunda se desplomó como muerta. A los gritos despavoridos de las niñas, todos los del palacio salieron apresuradamente. Cogieron a Adelgunda y la metieron dentro. Despertó al fin de su desmayo, y refirió temblando que, apenas entró bajo el arco, vio ante ella una figura aérea, envuelta como en niebla, que le alargaba la mano.
    >>Como es natural, se atribuyó la aparición a la extraña confusión que produce la luz del anochecer. Adelgunda se recobró la misma noche, de tal modo, que no se temieron consecuencia alguna, y se dio el asunto por terminado. ¡Y, sin embargo, qué diferente fue! A la noche siguiente, apenas dieron las nueve campanadas, Adelgunda, presa de terror, en mitad de los amigos que la rodeaban, empezó a gritar: "¡Ahí está, ahí está! ¿No la veis? ¡Ahí está, enfrente de mí!".
    >>Baste saber que desde aquella desgraciada noche, apenas sonaban las nueve, Adelgunda volvía a afirmar que la figura estaba delante de ella, y permanecía algunos segundos, sin que nadie pudiese ver lo más mínimo, o por alguna sensación psíquica pudiese percibir la proximidad de un desconocido principio espiritual.
    >>La pobre Adelgunda fue tenida por loca, y la familia se avergonzó, por un extraño absurdo, del estado de la hija, de la hermana. De ahí aquel raro proceder, al que ya he hecho alusión. No faltaron médicos ni medios para librar a la pobre niña de una idea fija, que así llamaban a la aparición, pero todo fue en vano, hasta que ella pidió, entre abundantes lágrimas, que la dejasen, pues la figura que se le aparecía con rasgos inciertos e irreconocibles, no tenía nada de terrorífico, y no le producía ya miedo; incluso tras cada aparición tenía la sensación de que en su interior se despojase de ideas y flotase como incorpórea, debido a lo cual padecía gran cansancio y se sentía enferma. Finalmente, la coronela trabó conocimiento con un célebre médico, que estaba en el apogeo de su fama, por curar a los locos de manera sumamente artera (mediante ardides muy ingeniosos). Cuando la coronela le confesó lo que le sucedía a la pobre Adelgunda, el médico se rió mucho y afirmó que no había nada más fácil que curar esta clase de locura, que tenía su base en una imaginación sobreexcitada. La idea de la aparición del fantasma estaba unida al toque de las nueve campanadas, de forma que la fuerza interior del espíritu no podía separarlo, y tratábase de romper desde fuera esta unión. Esto era muy fácil, engañando a la joven con el tiempo y dejando que transcurriesen las nueve sin que ella se enterase. Si el fantasma no aparecía, ella misma se daría cuenta de que era una alucinación y, posteriormente, mediante medios físicos fortalecedores, se lograría la curación completa.
    >>¡Se llevó a efecto el desdichado consejo! Aquella noche se atrasaron una hora todos los relojes del palacio, incluso el reloj cuyas campanadas resonaban sordamente, para que Adelgunda, cuando se levantase al día siguiente, se equivocase en una hora. Llegó la noche. La pequeña familia, como de costumbre, hallábase reunida en un cuartito alegremente adornado, sin la compañía de extraños. La coronela procuraba contar algo divertido, el coronel empezaba, según costumbre, cuando estaba de buen humor, a gastar bromas a la vieja francesa, ayudado por Augusta, la mayor de las señoritas. Todos reían y estaban alegres como nunca.
    >>El reloj de pared dio las ocho (y eran las nueve) y, pálida como la muerte, casi se desvaneció Adelgunda en su butaca..., ¡la labor cayó de sus manos! Levantóse, entonces, el terror reflejado en su semblante, y mirando fijamente el espacio vacío de la habitación, murmuró apagadamente con voz cavernosa: "¿Cómo? ¿Una hora antes? ¡Ah! ¿No lo veis? ¿No lo veis? ¡Está frente a mí, justo frente a mí!". Todos se estremecieron de horror, pero como nadie viese nada, gritó la coronela: "¡Adelgunda! ¡Repórtate! No es nada, es un fantasma de tu mente, un juego de tu imaginación, que te engaña, no vemos nada, absolutamente nada. Si hubiera una figura ante ti, ¿acaso no la veríamos nosotros?... ¡Repórtate, Adelgunda, repórtate!". "¡Oh, Dios... Oh, Dios mío -suspiró Adelgunda-, van a volverme loca! ¡Mirad, extiende hacia mí el brazo, se acerca... y me hace señas!". Y como inconsciente, con la mirada fija e inmóvil, Adelgunda se volvió, cogió un plato pequeño que por casualidad estaba en la mesa, lo levantó en el aire y lo dejó..., y el plato, como transportado por una mano invisible, circuló lentamente en torno a los presentes y fue a depositarse de nuevo en la mesa.
    >>La coronela y Augusta sufrieron un profundo desmayo, al que siguió un ataque de nervios. El coronel se rehízo, pero pudo verse en su aspecto trastornado el efecto profundo e intenso que le hizo aquel inexplicable fenómeno.
    >>La vieja francesa, puesta de rodillas, con el rostro hacia tierra, rezando, quedó libre como Adelgunda de todas las funestas consecuencias. Poco tiempo después la coronela murió. Augusta se sobrepuso a la enfermedad, pero hubiera sido mejor que muriese antes de quedar en el estado actual. Ella, que era la juventud en persona, como ya os describí al principio, se sumió en un estado de locura tal que me parece todavía más horrible y espeluznante que aquellos que están dominados por una idea fija. Se imaginó que ella era aquel fantasma incorpóreo e invisible de Adelgunda, y rehuía a todos los seres humanos, o se escondía en cuanto alguien comenzaba a hablar o a moverse. Apenas se atrevía a respirar, pues creía firmemente que de aquel modo descubría su presencia y podía causar la muerte a cualquiera. Le abrían la puerta, le daban comida, que escondía al tomarla, y así, ocultamente, hacía con todo. ¿Puede darse algo más penoso?
    >>El coronel, desesperado y furioso, se alistó en la nueva campaña de guerra. Murió en la batalla victoriosa de W... Es notable, muy notable, que desde aquella noche fatal, Adelgunda quedó libre del fantasma. Se dedica por entero a cuidar a su hermana enferma, y la vieja francesa la ayuda en esta tarea. Según me ha dicho hoy Silvestre, el tío de las pobres niñas, acaba de llegar para consultar con nuestro buen R... acerca del método curativo que debe emplearse con Augusta. ¡Quiera el Cielo facilitar esta improbable curación!>>.
    Cipriano calló y también los amigos permanecieron en silencio. Finalmente, Lotario exclamó:
    -¡Ésta sí que es una condenada historia de fantasmas! ¡Pero no puedo negar que estoy temblando, a pesar de que todo el asunto del plato volante me parece infantil y de mal gusto!
    -No tanto -interrumpió Ottomar-, no tanto, ¡querido Lotario! Bien sabes lo que pienso acerca de las historias de fantasmas, bien sabes que estoy en contra de todos los visionarios.


Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

jueves, 31 de octubre de 2013

Un conjuro para la conexión divina

El nombre de este mes procede de la palabra latina novem, que significa <<nueve>>. Originalmente era el noveno mes del calendario romano. Sin embargo, este mes sigue teniendo una estrecha relación con el número nueve. En numerología, el nueve es un número sagrado, basado en la triple trinidad (3x3=9). Su energía refleja perfección, equilibrio y orden. En términos espirituales o mágicos, representa universalidad y conclusión, ya que es el último número en el sistema de base 10 (contando los dígitos del 0 al 9).
    El mes de noviembre se asocia con la devoción espiritual. La gente puede intentar forjar vínculos más estrechos con la divinidad. Dado que el año termina, la temporada de cosecha llega a su fin. El mundo externo se queda en calma, dejando tiempo para apreciar los reinos interiores. Las noches largas y frías invitan a contemplar el exterior, sobre todo con la luz de una hoguera o de velas que iluminan la oscuridad. El límite entre mundos es muy fino, por lo que resulta más fácil ponerse en contacto con poderes superiores.
    Algunas deidades asociadas con este mes son: Cailleach, la anciana diosa celta, que supervisa el nacimiento y la muerte; su festividad, <<Reino de la anciana>>, es el 1 de noviembre. Hathor, la diosa madre, relacionada con el Sol y la Luna, se asocia con las vacas. El festival de Het Heret (alias Hathor) y la festividad de Odín (dios nórdico) es el 2 de noviembre. El resto de las antiguas celebraciones inglesas para el Rey de la Muerte permanecieron mucho tiempo en las hogueras y las bromas de la noche de travesuras se celebraban el día 4. Baco está relacionado con el vino y la celebración, y su festividad de Vinalia es el 11 de noviembre. Osiris es un dios vegetal vinculado a la muerte y la resurrección. Set asesina a Osiris durante el mes de noviembre y luego tira los restos del cuerpo del dios al río Nilo. Lakshmi preside la prosperidad y sexualidad en el panteón hindú. Diana, diosa virgen de la Luna, supervisa la naturaleza y la caza. Una de las tres fechas de la festividad de Diana es el 22 de noviembre. Baba Yaga es una diosa vieja y una bruja muy poderosa de Rusia. Su día festivo es el 24 de noviembre.
Los paganos contemporáneos trabajan a menudo con muchos dioses diferentes. Elige a nueve de ellos. Puedes utilizar los que hemos mencionado anteriormente, que están conectados con el mes de noviembre, u otros. Para este conjuro necesitarás una vela de novena: puede ser una vela larga en un vidrio, o bien una vela con nueve mechas. Escoge un color neutro, como el blanco o el negro. La vela quemará cada noche durante una hora, una sección por cada deidad con quien desees conectar. Colócala en una mesa pequeña con un mantel liso de altar. Cada noche, empieza con este conjuro:

Cuando se encienda la vela del poder de los nueve,
conectadme con lo divino. Dios y Diosa, el sin nombre,
brillo de Luna y luz del Sol, dejad que mis deseos se hagan realidad.
Habladme en sueños por la noche, o en símbolos durante el día,
Escuchad mis palabras y todo irá bien.

Mientras las velas van quemando, reflexiona o estudia la deidad que has escogido para la práctica de esta noche. Cuando se haya quemado una novena parte de la vela (o una de las nueve mechas) apaga la llama con estas palabras:

Espíritu sagrado, por mi arte,
sé un susurro en mi corazón.
Feliz encuentro y feliz despedida.

Presta atención a tus sueños y signos que te puedas encontrar estos días y que puedan estar relacionados con las deidades que deseas hallar. Al final del conjuro, deja que la vela se consuma del todo y deshazte de los restos en un lugar seguro.


Calendario de las Brujas de Llewellyn

miércoles, 30 de octubre de 2013

Últimos acertijos de Gestumblindi




















Entonces dijo Gestumblindi:

Me senté en un muro,
vi hombres muertos
llevar el cuerpo ensangrentado
a la corteza de un árbol.

"Te sentaste en un muro y viste cómo un halcón satisfecho llevaba un pato a un risco".
Entonces dijo Gestumblindi:

¿Quiénes son los dos
que tienen diez patas,
tres ojos,
y una cola?
Rey Heiðrekr,
piensa en el acertijo.

"Es cuando Óðinn cabalga sobre Sleipnir".
Entonces dijo Gestumblindi:

Dí una última cosa,
si eres el rey más sabio de todos:
¿Qué dijo Óðinn
en el oído de Baldr
antes de que éste fuera llevado
a la pira funeraria?

El rey Heiðrekr dice: "Eso sólo tú lo sabes, criatura monstruosa."
Y entonces Heiðrekr desenvaina a Tyrfingr y le da un golpe, pero Óðinn se transformó en halcón y se retiró volando. Pero el rey le dio un golpe y le cortó las plumas de la cola, y por ello el halcón tiene la cola corta desde entonces.
Óðinn dijo entonces: "Ya que tú, rey Heiðrekr, me atacaste y quisiste matarme siendo inocente, se convertirán los peores esclavos en la causa de tu muerte".


                                                                                                          Saga de Hervör

martes, 29 de octubre de 2013

PARNASO: A mi buitre


Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único y constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

-Miguel de Unamuno

lunes, 28 de octubre de 2013

Pasaje sobre las hadas de L'Allegro

Ella cuenta muchas historias,
de cómo el hada Mab se comió la tarta,
y de los pellizcos y empujones recibidos,
y él, guiado por la Linterna del Fraile,
cuenta cómo sudó el laborioso Goblin
para ganarse su plato de crema,
cuando en una noche, aún lejana la aurora,
su horca encantada trilló el trigo
que diez jornaleros no habrían trillado,
y luego se tiende el Demonio de Lubbard
en toda su longitud delante de la chimenea,
recuperando junto al fuego su fuerza velluda;
y deja fuera las mieses
antes de que el primer gallo cante sus maitines.


Sobre sordas negruras de abismos


(...)
Un pozo de tinieblas, negro
Como un caldero de brujas, lleno
De drogas lunares en eclipse destiladas.
Al inclinarme a mirar si podía bajar el pie
Por ese abismo vi, abajo,
Hasta donde alcanzaba la mirada
Negras paredes, lisas como el cristal
Recién acabadas de pulir,
Y con esa negra pez que el Trono de la Muerte
Derrama por sus bordes viscosos.
(...)

Thomas Moore (pasaje)

domingo, 27 de octubre de 2013

METALITERATURA: Poética



Es evidente que el origen general de la poesía se debió a dos causas; cada una de ellas parte de la naturaleza humana. La imitación es natural para el hombre desde la infancia, y esta es una de sus ventajas sobre los animales inferiores, pues él es una de las criaturas más imitadoras del mundo, y aprende desde el comienzo por imitación. Y es asimismo natural para todos regocijarse en tareas de imitación. La verdad de este segundo punto se muestra por la experiencia; aunque los objetos mismos resulten penosos de ver nos deleitamos en contemplar en el arte las representaciones más realistas de ellos, las formas, por ejemplo, de los animales más repulsivos y los cuerpos muertos. La explicación se encuentra en un hecho concreto: aprender algo es el mayor de los placeres no sólo para el filósofo, sino también para el resto de la humanidad, por pequeña que sea su aptitud para ello; la razón del deleite que produce observar un cuadro es que al mismo tiempo se aprende, se reúne el sentido de las cosas, es decir, que el hombre es de este o aquel modo; pues si no hubiéramos visto el objeto antes, el propio placer no radicaría en el cuadro como una imitación de éste, sino que se debería a la ejecución o al colorido o a alguna causa semejante. La imitación, entonces, por sernos natural (como también el sentido de la armonía y el ritmo, los metros que son por cierto especies de ritmos) a través de su original aptitud, y mediante una serie de mejoramientos graduales en su mayor parte sobre sus primeros esfuerzos, crearon la poesía a partir de sus improvisaciones.
La poesía, sin embargo, pronto se dividió en dos clases según las diferencias de carácter en los poetas individuales; pues los más elevados entre ellos debían representar las acciones más nobles y los personajes más egregios; mientras los de espíritu inferior representaban las acciones viles. Estos últimos producían invectivas primero, así como otros componían himnos y panegíricos. No conocemos ningún poema de los poetas prehoméricos, aunque sin duda hubo muchos autores entre ellos; pueden hallarse ejemplos, por cierto, desde Homero en adelante, tal su margites y poemas similares de otros. En esta poesía de invectiva su natural adecuación produjo el metro yámbico que quedó en uso; de aquí nuestro presente término "yámbico", porque era el metro de sus yambos o invectivas de unos contra otros. Como resultado se obtuvo que los viejos poetas se convirtieron, algunos de ellos, en autores del verso heroico y otros del yámbico. La posición de Homero, no obstante, es peculiar: así como fue en el estilo serio el poeta de los poetas, elevado no sólo por su excelencia literaria, sino también mediante el carácter dramático de sus imitaciones, fue asimismo el primero en bosquejar para nosotros las formas generales de la comedia al producir no una invectiva dramática, sino un cuadro dramático de lo ridículo; sus margites en verdad se hallan, respecto a nuestras comedias en la misma relación que la Ilíada y la Odisea frente a nuestras tragedias. Pero tan pronto como la tragedia y la comedia aparecieron en el ambiente, aquellos naturalmente atraídos por cierta línea de poesía se convirtieron en autores de comedias en lugar de yambos, y los otros inclinados por su índole a una línea distinta, en creadores de tragedias en lugar de epopeyas, porque estos nuevos modos del arte resultaban más majestuosos y de mayor estima que los antiguos.
En cuanto a cuestionar si la tragedia es ahora todo lo que debe ser en sus elementos formativos, considerar todo ello y decidirlo teoréticamente y en relación a las representaciones, es un problema para otra investigación.
Esta comenzó ciertamente mediante improvisaciones, como también la comedia; la primera se originó con los autores de los ditirambos, la otra con las canciones fálicas, que todavía perviven como instituciones en algunas de nuestras ciudades. Y su avance desde entonces fue lento, a través de su transformación y luego de superar etapas en cada paso. Sólo después de una larga serie de cambios el movimiento de la tragedia se detuvo al alcanzar su forma natural. 1) El número de actores fue primero aumentado a dos por Esquilo, quien disminuyó la importancia del coro, e hizo que el diálogo, o la parte hablada, asumiera la misión decisiva en el drama. 2) Un tercer actor y la escenografía se debieron a Sófocles. 3) La tragedia adquirió también su magnificencia. Descartó los relatos breves y el lenguaje chabacano, que debía a su origen satírico, alcanzó, aunque sólo en un momento tardío de su progreso, un tono de dignidad; su metro cambió, pues, del trocaico al yámbico. La razón para su uso originario del tetrámetro trocaico yacía en que su poesía era satírica y más relacionada con la danza que lo que sucede ahora. Empero, tan pronto como se introdujo la parte hablada, la naturaleza misma encontró el metro adecuado. El yámbico, según sabemos, es el más flexible de los metros, como se muestra por el hecho de que muy a menudo caemos en él en el diálogo, mientras que resulta raro que hablemos en hexámetros, y esto sólo cuando nos separamos del tono hablado de la voz. 4) Otro cambio fue la pluralidad de episodios o actos. En cuanto a los problemas restantes, los adornos sobreagregados y el relato de su introducción, éstos deben ser aceptados según se dijo, pues demandaría una tarea muy larga revisar los detalles.

Aristóteles; Poética. (Capítulo IV)