domingo, 9 de junio de 2013

Un caso antiguo

Aznalcázar (Sevilla). 1935; mes de abril.

El señor Mora, agricultor, a la sazón ya con hijos mayores. Familia profundamente religiosa; en la actualidad continúa siendo ésta una familia principal del pueblo y varios sobrinos han escalado puestos importantes en la política y en la intelectualidad.
    El testigo solía ir diariamente al campo y trabajaba en sus propias fincas, su medio de vida. Una tarde, y como a unos cien metros de distancia, vio bajar como si fuese un globo, que <<aparcó>> en la finca. De seguida, unos hombres pequeños salieron de <<aquello>> y, desde el suelo, estuvieron como arreglando algo en la nave. Él estuvo observando un buen rato, mientras iba en aumento su inquietud, lo que le lleva a una rápida determinación: ensilla la caballería y se dirige al pueblo.
    Aquella noche, y en la tertulia habitual que formaban en su casa el médico del pueblo, el maestro (un tío nuestro) y el señor Mora, éste contó con toda reserva lo que le había sucedido, de cuyo percance aún no se había repuesto.
    En tales fechas, el fenómeno ovni era totalmente desconocido por aquí, por lo que el señor Mora, que se encontraba algo enfermo, supuso que había sido premiado por la Providencia con esta visión celeste, con lo que estaba muy contento, creyéndolo un anticipo del más allá. En esta creencia murió pocos años más tarde.
    Sus hijos (viejos amigos nuestros) nos comentaban que al día siguiente del suceso, la prensa trajo la noticia de que una estrella nueva había aparecido. Era de suponer que se trataba de un fenómeno de estrella nova que la agrupación Astronómica de Sabadell llegó a confirmarnos, dejando fechada, así, la observación de tan calificado testigo.


                                                                           Reporta: Manuel Osuna; Umbrete (Sevilla)

viernes, 7 de junio de 2013

XENOSALUDES: Los Ovnis: Claves para reconocerlos



            La tipología de los Objetos Volantes No Identificados constituye uno de los aspectos más espinosos y difíciles de precisar dentro del apasionante mundo de la Ufología.
            Después de varias investigaciones, los comunicados del gobierno de los Estados Unidos, de la Fuerza Aérea y de la Marina han atribuido la mayor parte de las visiones de los ovnis a la Luna, a cometas, halos lunares, espejismos, bolas de fuego, estelas de condensación, estrellas, meteoros, planetas, aviones de prueba, luces antiaéreas, fuegos artificiales, autokinesis (cuando un objeto observado parece moverse), “post-espejismos” (cuando un objeto observado se desvanece tan lentamente que se le sigue viendo en otro lugar), fuegos fatuos, fraudes, o sencillamente ilusiones ópticas masivas.
            Aun así, el Dr. J. Allen Hyneck, ex asesor de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en esta materia y ferviente y apasionado defensor de la realidad ovni, afirmó que “la inteligencia de os que se dedican a observar estos objetos y de quienes han informado haberlos visto es por lo menos normal. En muchos casos está por encima de lo normal y en otros es embarazosamente elevada”.
            En el ya famosísimo “Informe Condon” elaborado por expertos y estudiosos de la prestigiosa Universidad de Colorado, el doctor Wortheimer presentó un documentado informe sobre las causas de percepción y relaciones que pueden incidir en el individuo a la hora de fijar visiones ovni:
1.      Polvo en la córnea del ojo.
2.      La presión, bien extensa por los dedos o por medios eléctricos, puede producir imágenes visuales inusuales.
3.      Imágenes posteriores producidas al mirar una fuente de luz.
4.      Autocinética.
5.      Tamaño aparente de la imagen o de la imagen posterior. (Varía con la distancia; es decir, objetos de diversos tamaños pueden parecer del mismo tamaño al variar la distancia).
6.      Distorsiones o ilusiones.
7.      Movimiento gamma. (Una luz del tamaño de un foco no aparece y desaparece de repente al ser apagada, sino que más bien parece oscurecerse).
8.      Error personal en el cálculo de los ángulos terrestres. (Este error es constante cerca de los 0º o de los 90º).
9.      Personas que han leído sobre ovnis es más probable que informen sobre ellos.
10.  Es más probable que las personas no científicas informen sobre ovnis.
11.  Toda “recolección personal” resulta poco digna de crédito.
12.  Fotos. (Trampas o defectos en el revelado; es decir, reflejo y refracción de una fuente de luz). 
 
Así pues, en vista de estos datos, ¿qué características debe reunir la observación de un Objeto Volante No Identificado para que ésta sea digna de ser incluida dentro de una acreditada labor de revisión científica?
Con la Ufología hay que andar con mucho cuidado, hay mucho irresponsable, mucho afán de publicidad y demasiado protagonismo, y tras treinta años de platillofilia, no se ha conseguido una definición clara y precisa del fenómeno.
La necesidad de etiquetar este fenómeno ha generado el anagrama que le define (ovni, objeto volador no identificado), sin que realmente se ajuste siempre a los hechos. Una muestra patente de ello es que llamamos objeto volador a formas posadas en el suelo, sin que por circunstancias intrínsecas de la observación se haya visto su llegada y posterior despegue.
No ocurre así con el “no identificado” pues, pese a su aparente ambigüedad encierra siempre un concreto y exhaustivo valor.  Se trata de comparar la forma, movimientos y efectos con las naves creadas por la ciencia del hombre. Conocemos cómo son nuestros distintos ingenios aéreos, sus fuentes de automoción, los principios en que se basa su navegación, y los efectos que causan en el entorno inmediato las energías residuales propias de nuestros sistemas de propulsión.
Confundir un globo sonda o un meteorito con un ovni es indeseablemente posible, sobre todo si precipitamos nuestros juicios, por lo que es preciso potenciar nuestra preparación científica y tecnológica. También es imprescindible imponer tranquilidad y método en el calibrado de cualquier observación, a fin de que no demos como ovni cualquier objeto extraño, sin patrón de comparación en nuestro subconsciente, creando por negligencia la confusión más anárquica.
Algo de esto ha venido ocurriendo hasta el presente, por varias y múltiples razones. Los procesos mentales que se desencadenan en un hombre durante la contemplación de un acontecimiento extraño que no encaja con los modelos archivados en nuestra computadora cerebral son sumamente complejos, generadores todos de imágenes sustitutivas, de dudosa realidad. Así vemos cómo a través de la historia del hombre sobre la Tierra éste va viendo en el cielo carros de fuego…, escudos ardientes…, y un mecánico de coches de nuestro siglo XX puede traducir su visualización “como un disco de embrague”, y un panadero puede ver mañana “una hogaza de pan”.
AA.VV.; Ufología. Todo sobre los ovnis.

jueves, 6 de junio de 2013

¿Protectores, invasores, o simples curiosos?

SI LOS OVNI U OTROS SISTEMAS ESTÁN SECUESTRANDO aviones, barcos y personas, especialmente en el Triángulo de las Bermudas, y en otras regiones del mundo, un elemento fundamental de cualquier investigación sobre el asunto sería el examen de la posible razón o razones. Algunos investigadores han sugerido que ciertos seres inteligentes, y con un grado de desarrollo científico años de luz más avanzado que el de los pueblos relativamente primitivos de la Tierra, se habrían dedicado durante siglos a observar nuestros progresos, y finalmente habrán de intervenir, para evitar que destruyamos nuestro planeta. Naturalmente, esto significa presumir en esos seres del espacio exterior o interior una condición altruista que no suele ser la dominante entre pioneros o exploradores.
    Por otra parte, podría ocurrir que en las cercanías del Triángulo de las Bermudas, y en algunas otras localidades nodales de las corrientes gravitacionales electromagnéticas, existiera una puerta o ventana hacia otra dimensión en el tiempo o el espacio, a través de la cual estos entes extraterrestres, dotados de un complejo utillaje científico, pudieran penetrar a su antojo. Sin embargo, cuando dicho conducto es hallado por seres humanos, se convierte en una calle de una sola vía, de la cual sería imposible regresar, dado su nivel de desarrollo científico, o debido a que una fuerza extraña lo impediría. Muchas de las desapariciones, especialmente las relativas a tripulaciones completas de barcos, hacen suponer la existencia de expediciones de secuestro cuya misión sería obtener seres humanos para confinarlos en zoológicos espaciales, para exhibirlos en diferentes eras del desarrollo planetario, o para fines de experimentación.
    El doctor Manson Valentine sugiere que podrían existir diversos grupos de visitantes espaciales, a veces hostiles, y que algunos de dichos seres provenientes del espacio, las profundidades oceánicas o incluso alguna otra dimensión, podrían estar relacionados con nosotros; serían nuestros primos de muchos miles de años de antigüedad y lo bastante civilizados como para tener un motivo altruista que los llevase a protegernos a nosotros y a nuestro planeta, o pragmáticamente preocupados acerca de su propio medio ambiente.
    (...)


                                                             Charles Berlitz; El Triángulo de las Bermudas

miércoles, 5 de junio de 2013

El problema OVNI


Después de estudiar las pruebas que he tenido ante mí, casi todas dignas de crédito según la ciencia convencional, puedo afirmar, sin temor de ser refutado, que el problema de los objetos voladores no identificados no es reciente; ha estado presente a lo largo de la historia -muy probablemente incluso desde antes- y nadie hasta ahora ha logrado descifrar su enigma. Quizás el presente esfuerzo sea la primera tentativa de formular afirmaciones sólidas y bien fundadas acerca de algo que para un amplio sector de la población simplemente no existe. Pero es algo que existe, ha existido desde los comienzos de la humanidad, y seguramente continuará existiendo, y quizá continúe siendo tan enigmático como aparenta en la actualidad. Ese es tal vez el problema más difícil: el porqué del fenómeno. (...)
    Todo lo que contradice o está más allá de la comprensión del hombre -sea el de las cavernas o el actual- se considera generalmente como un fenómeno extraordinario. Fuera de su marco de referencia acostumbrado, un fenómeno ordinario puede transformarse en un fenómeno extraordinario; por ejemplo, un televisor visto por un monje medieval sería naturalmente considerado como sobrenatural, mas para el hombre moderno es tan sólo una comodidad. Sin embargo, se trata del mismo aparato; en un caso, fuera de la adecuada secuencia temporal, y en el otro, dentro de su correcta posición en la corriente del tiempo. Un disco volante moviéndose a increíbles velocidades, capaz de maniobrar de forma imposible para cualquier aeronave contemporánea, se halla fuera del marco de referencia de la aeronáutica actual; en consecuencia, es para nosotros un fenómeno extraordinario. Esa misma máquina, dentro de varios siglos, será probablemente un fenómeno ordinario en función de las aeronaves de la época. (...)


                          Hans Holzer; Cuando los OVNIs aterrizan

domingo, 2 de junio de 2013

...cuatro, cinco, seis... civilizaciones

La palabra CETI, que ha sido ideada para esta reunión, creo que resulta apropiada por tres razones diferentes. En primer lugar es un acrónimo de <<Communication with Extraterrestrial Intelligence>> (Comunicación con Inteligencias Extraterrestres). En segundo lugar es el genitivo de la palabra ballena en latín, lo cual tiene cierto interés para esta discusión; los cetáceos constituyen sin duda otra especie inteligente que habita nuestro planeta y se ha afirmado que si somos incapaces de comunicarnos con ellos también lo seremos de comunicar con civilizaciones extraterrestres. Y, finalmente, una de las dos estrellas que examinó primero Frank Drake en el Proyecto Ozma, la primera realización experimental de este tipo, fue Tau Ceti.
    Se ha sugerido que para establecer un marco coherente de trabajo en algunas de las discusiones siguientes, tendríamos que expresar una formulación sobre el número de civilizaciones técnicas en la Galaxia de la Vía Láctea que están en nuestro nivel de avance tecnológico o lo superan. Tal como indica el programa, los primeros dos días y medio de esta conferencia serán dedicados a discutir estos factores constituyentes. Hay muchas formulaciones de este problema. En la formulación más sencilla, debida en su forma original a Drake, N, el número de civilizaciones de este tipo existentes en la Galaxia, se puede escribir como producto de siete factores:
R* es el ritmo de formación estelar promediado para toda la vida de la Galaxia, en unidades de número de estrellas por año; fp es la fracción de estrellas que tienen sistemas planetarios; ne es el promedio de planetas dentro de estos sistemas planetarios que son ecológicamente apropiados a la vida; fl es la fracción de esos planetas en los que tiene lugar realmente el origen de la vida; fi es la fracción de tales planetas en los que, tras aparecer la vida, nace la inteligencia en alguna forma; fc es la fracción de tales planetas en los cuales los seres inteligentes empiezan a desarrollar una fase comunicativa; y L es la vida media de esas civilizaciones técnicas.
    El factor R* pertenece al dominio de la astrofísica, como también fp; ne está determinado en la frontera que separa la astronomía de la biología; fl es en gran parte un tema de la química orgánica y de la bioquímica; fi constituye un tema de la neurofisiología y la evolución de los organismos avanzados; fc es un tema de antropología, arqueología e historia. Y el último término está situado en una zona muy nebulosa que predeciría el futuro de las sociedades; afecta a la psicología y a la psicopatología, a la historia, la política, la sociología y otros muchos campos. La confianza de los cálculos declina pronunciadamente de R* a L en la ecuación. Pero dejando aparte la posible bondad de nuestros cálculos sobre estos factores, es de notar el hecho de que exista un problema en sí que implique tan íntimamente unos temas que van desde la astrofísica y la biología molecular hasta la arqueología y la política.


                                                Carl Sagan; Comunicación con Inteligencias Extraterrestres

Pincelada de Clarke

"Existen dos posibilidades: o estamos solos en el universo o no lo estamos. Las dos son igualmente aterradoras."

sábado, 1 de junio de 2013

XENOSALUDES: Inmersos en el Cosmos



            El Universo se creó el 22 de octubre del año 4004 antes de Cristo, a las 8 de la tarde. Así lo determinó, a mediados del siglo XVII, el arzobispo anglicano J. Ussher; y tras precisar fecha tan trascendente, partiendo del único relato fiable, es decir, la Biblia, se supone que el mencionado erudito se quedó satisfecho y esa noche fue arrebatado por el más tranquilo y reparador de los sueños posibles. Unos pocos siglos antes, los expertos judíos en la interpretación bíblica habían llegado a una conclusión aproximada: para ellos, el Universo se formó en el año 3760, antes de Jesucristo, naturalmente.
            Decir gigantescas, inconmensurables estupideces, es patrimonio del hombre estúpido; pero aceptarlas sin crítica alguna y defenderlas hasta la muerte es patrimonio de borregos. Es evidente que la humanidad está constituida por una pequeña parte de hombres estúpidos y una gran mayoría de hombres borregos (no determino los porcentajes, para que quede un grupo elástico en el que podamos ir acomodándonos los que, sin más mérito que nuestro propio narcisismo, nos consideremos al margen de esa clasificación). La historia de la humanidad es la historia de la estulticia, y hemos de aceptarlo así porque es tan evidente, tan palmario, que no nos queda otro remedio. No hay, ni ha habido, papas infalibles; como no hay, ni han existido, gobernantes justos, ni científicos en posesión de la verdad. A lo más, hay aproximaciones, intentos, avances inevitables y alguna que otra genialidad esporádica, muy esporádica, como sabemos todos. El conjunto humano es de una tremenda mediocridad, y el que mata a otro en defensa de una idea es un pobre imbécil que no alcanza a ver más allá de sus propias narices.
            Esta especie de “rabieta” tiene una explicación; una justificación, mejor. Al hacer un recorrido por el lento caminar en pos del conocimiento, al llevar a cabo un análisis ponderado de los avances científicos de estos últimos veinte siglos, la conclusión inevitable es la de que el freno, el gigantesco freno del devenir humano, de su progreso, es la intolerancia. Una intolerancia feroz, irracional, nauseabunda. Todo avance conlleva una ruptura de la inercia, una grieta profunda en los esquemas, y es, por tanto, desestabilizador, peligroso. Hoguera, tormento, desprecio, descrédito, sarcasmo… cualquier cosa antes que mover las posaderas del cómodo asiento del orden establecido. Aquel que viene a despertarnos de nuestra blanda siesta sólo merece el infierno.
            Tú, que ahora lees, también lo mereces. Formas parte de esa turba de desestabilizadores. De alguna forma estás planteando problemas a tus vecinos del planeta. También, de alguna forma, tendrás el castigo que mereces. Tú buscarás, seguirás indagando, inquiriendo, escudriñando, soñando; y cualquier noche te encontrarás solo en la angustia, casado con ella, en un maridaje destructivo, como todos los maridajes, hasta que la muerte os separe.
Cuanto más busques, más te quedará por encontrar, porque los horizontes se irán expandiendo a medida que los vayas recorriendo. El Universo es inmenso, el Cosmos es infinito, y tú y yo somos sólo unos insectos insignificantes, perdidos entre tanta grandeza, buscando una sencilla y simple explicación a una serie de problemas dificilísimos y complejísimos. Qué le vamos a hacer, somos así, desgraciada o afortunadamente. Nuestro ciclo vital es solo un flash en la historia del Cosmos; nuestra inteligencia es una humilde neurona enloquecida perteneciente a la inteligencia total.

            Tal vez aún estés a tiempo. Vuelve a ese dulce engaño de que lo importante es tener respuestas. Nosotros, los condenados, pensamos que lo vital es tener preguntas que hacerse y hacer, aunque no existan todavía las respuestas –y quizá no existan nunca ni hayan existido jamás-. Pero si decides seguir (…), cuídate de no opinar con voz prestada. Busca tú mismo, y continúa buscando. Aprende a decir “no sé”, hasta que estés totalmente seguro de algo. Y si ese día llega, piensa que estás equivocado. No hay nada seguro.
            (…) No entendemos ni el mundo físico que nos rodea ni los mecanismos y poderes de nuestra mente, de nuestro interior. Ni conocemos lo que pasa fuera de nosotros, ni podemos valorar los fenómenos de nuestra conciencia ni del inconsciente. Formamos parte, mínima, insignificante, del Cosmos. Somos microcosmos agitándonos dentro de un universo infinito del que ignoramos su génesis y su historia millonaria; del que no comprendemos su mecánica ni podemos prever su destino. Seguramente, diseminados por el espacio, en el interior de muchos millones de galaxias, habrá otros seres vivos e inteligentes que se estén planteando en este preciso momento los mismos problemas que nosotros. Y quién sabe si alguno, ya, ha encontrado la respuesta.

Fernando Jiménez del Oso; Grandes misterios de nuestro tiempo.